obedecer + callar + no mirar= súbdito= éxito escolar

 Hoy cometeré una profanación intelectual: hablaré de un libro que no conozco ni de lectura ni físicamente, sino por una reseña aparecida la semana pasada en un periódico de circulación nacional, firmada por uno de los especialistas que mejor conocen sobre el estado que guarda la educación básica en México, y tema del libro. Por el reseñista Gilberto Guevara Niebla puedo decir también que no es un libro al alcance de cualquier lector, sino únicamente de la comunidad pedagógica especializada, pues lo publicó la Universidad Pedagógica Nacional, y por lo tanto La configuración de la formación ciudadana en la escuela. Análisis de un caso en educación secundaria –su título- no está en los circuitos de las librerías tradicionales para su venta.

Mi presura por la obra obedece a que al parecer sus páginas encierran una larga veta de oro molido para los interesados en conocer sobre el origen de nuestras miserias y virtudes como ciudadanos. Un tema que –hay que decir– nadie trata. Entre los estudiosos de la llamada ciencia política hay una disputa abierta sobre si para florecer, la democracia precisa de ciertas precondiciones sociales, lo que también se llama cultura política. O sencillamente la democracia se debe a factores que nada tienen que ver con el civismo –como se dice en la escuela- o con elementos como los ingresos económicos, o profesar una u otro religión, o de plano se debe a procesos espontáneos y mandato divino. En México, por ejemplo, la primera experiencia de democracia moderna tuvo lugar durante el interludio de unos cuantos meses, cuando Madero ganó la presidencia y gobernó. Pero el libro deja entre ver que la causa de nuestra miseria política se debe a la enseñanza de la escuela. El 84 por ciento de la población no sabía leer y escribir y era campesina con una economía de subsistencia. Pero luego se alzaron e hicieron una revolución.

La autora Lucia Rodríguez Mc keo, para su estudio de caso, eligió una escuela secundaria pública tradicional; pero “modelo” en el concepto de las autoridades educativas y de sus maestros. La autora se valió de entrevistas, documentos oficiales y de observación en campo. “El resultado fue sorprendente. Se logró descubrir toda una vida escolar que permanecía oculta detrás de lo que la mayoría identifica como “normalidad”. La escuela objeto de estudio es un claustro que defiende una serie de valores que son ilustrativos. Por ejemplo, ¿qué es un alumno positivo? Es aquel que obedece al profesor, que no se mueve, que no cuestiona, que no hace travesuras, etcétera, etcétera”.

“Los maestros y el director están orgullosos de la historia de su escuela, pero temen al cambio. Saben que viven en un entorno acelerado de transformaciones (televisión, videojuegos, computadoras, renovación acelerada de “modas” en la cultura del consumo, individualismo acusado entre los alumnos, etc.), pero se oponen a renovar las reglas y el discurso de la institución. Ante el cambio, reafirman la tradición. Ellos ven las nuevas realidades del entorno como “nocivas” para los alumnos. La autora afirma: ante las presiones del exterior el plantel ha decidido establecer un estado de “clausura”, de encerramiento ante el entorno. El objetivo es seguir siendo “una buena escuela”. El principio “motor” de la vida escolar es la idea –manifestada por la dirección– de que el alumno “debe ser alguien en la vida, debe ocupar un lugar” en oposición a “no ser nadie”.

“La escuela es para estudiar conocimientos, no para “aprender sexo”. Se busca una uniformidad y se sacrifica la diferencia. Si los alumnos llegan con el pelo largo, o “con picos”, o si se cuelgan piercings se les sanciona, porque eso rompe con la “decencia básica”. Está prohibido todo vestido extravagante. Se trata de una “normalidad” que inhibe toda libertad entre el alumnado. Los estudiantes viven molestos porque la enseñanza en la mayor parte de los casos se basa en la copia y el dictado. Ante los “modelos falsos” que les ofrece a los jóvenes la televisión, los profesores bombardean a los alumnos con “modelos buenos” (personas o personajes que se han ganado un lugar en la sociedad con base en el esfuerzo y la buena conducta)”.

“Los alumnos critican –porque les aburre– la reiterada moralina de los docentes (“deben portarse bien y estudiar para tener éxito, deben pensar en el futuro, etcétera), a lo que ellos llaman “el choro”. No se trata de descalificar este discurso en sí mismo, sino observar que es un discurso que el alumno no asimila por sí mismo, sino que se le trata de imponer “desde fuera”. Lo que la escuela niega, lo que la escuela combate es la autonomía del alumno, la libertad para ser diferente, la capacidad de auto-expresión, etc. En cambio, se propone formar un ciudadano pasivo, obediente, trabajador, devoto del orden y la jerarquía, entre otras cosas. Por fortuna hay profesores que –discretamente– rompen la regla y ofrecen a los alumnos un trato respetuoso, los dejan hablar, dialogan con ellos tomando en serio sus argumentos, etcétera. Una excepción en los márgenes de la institución, que, sin embargo, ofrece cierta esperanza de cambio”.

Chayo News

Hoy a eso de la media tarde la alcaldesa Blanca Alcalá inaugurará una de las obras más emblemáticas de su administración: el Parque de la Juventud; el cual se edificó en una extensión de 12 mil metros cuadrados; con una inversión financiera tripartita: el municipio aportó el 50%, la federación el 47%, y el gobierno del Estado apenas pudo con el 3%. Cuando en general la regla para los proyectos de coinversión indica que la federación aporta la mayor parte, el Estado la segunda, y los ayuntamientos una parte muy menor, en virtud de los ingresos de cada cual. Pero lo importante es que hay colaboración.

Ente los fines del parque, además de ser un espacio para actividades educativas, culturales y las propiamente deportivas, también recupera una zona dañada por el desarrollo inclemente de la urbanización y la convierte en un centro de recuperación ambiental. Paralelamente el ayuntamiento ofrecerá a la población aledaña todos los servicios que habitualmente ofrece, amén de albergar las instalaciones del Instituto Municipal de la Juventud. La intervención arquitectónica –dividida en tres plazas- también tiene su plusvalía, pues logró incorporar los elementos naturales a los materiales de construcción; la mayoría de éstos naturales o reciclados, con el fin de disminuir la contaminación de agua, suelo y aire. 800 metros cuadrados de construcción se hicieron con bambú. Todavía más: el edificio capta, trata, re-usa y reintegra las aguas que emplea.

La oferta académica brindará talleres de Computación gratuita del programa Conexión a Tiempo, baile, capacitación balsística, zumba, Capoeira, Krav Maga, idiomas como alemán, inglés, francés, cursos de serigrafía, dibujo, computación para invidentes, clases de guitarra, dj, batería, entre otros. Un mérito no solo de la alcaldesa sino también de su director, Salvador Sánchez Trujillo.

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Posted by Ociel Mora on septiembre 7th, 2010 | Filed in Sin categoría | Comment now »

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