Las murmuraciones de un banquete
En política los símbolos son más poderosos que los hechos. Lo vimos el fin de semana, con motivo de la comilona organizada a Enrique Doger por un grupo de sus amigos (fue su declaración) para conmemorar su cumpleaños. El caso es que una reunión privada devino en pública por la zozobra de medios y por la presencia de personajes vinculados con la política o que lo estuvieron en el pasado. Pero sobre todo por la vieja costumbre de buscar mensajes cifrado en todo lo que hace o deja de hacer la clase política, y sus prohombres. Graduaciones (si son en la UDLA), casamientos, divorcios, amasiatos, bautizos (en un estado laico), comilonas con jeques musulmanes, todo es motivo poderoso para la especulación de los medios y los grupos que le sirven de escenografía. Se trata de una práctica muy barroca y sin lugar a dudas es la principal característica de los gobiernos autoritarios. Sellados al examen de los ciudadanos. Porque lo público es privado e incumbe solamente al círculo de los íntimos. Francisco Franco era sucinto al respecto. “Hágale como yo para vivir en paz, exhortaba a quienes lo visitaban, no se meta en política”. ¿Puede haber símbolo más elocuente de la oscuridad impenetrable de la cultura política mexicana que la figura del “Tapado? La ausencia de una vida púbica transparente es el mayor aliciente para la especulación.
Pero como Doger es un político claridoso con los de casa, hoy por hoy, es el que mejor vende en los medios, y por eso es buscado sin tregua por tirios y troyanos. En el sentido que sea, una declaración suya siempre amerita las ocho columnas. Los medios comenzaron a martillar desde la tarde del mismo sábado, y seguramente lo seguirán haciendo por el resto de la semana. Primero por los comensales. Algunas figuras sin mayor relevancia política que estuvieron en la mesa principal, como el malogrado candidato presidencial, Roberto Madrazo o el ex vocero de Vicente Fox, Rubén Aguilar, quienes ahora escriben libros para exonerarse del pasado. El momento más emotivo, sin embargo, fue cuando irrumpió en el dintel de la puerta grande la alcaldesa capitalina. El mayor patrimonio del PRI por estos días. Su estancia duró el tiempo que le llevó rodear a los comensales. Con eso tuvo para ganar las primeras planas del día siguiente. Javier López Zavala también organizo rumbosas comidas por su cumpleaños y aunque siempre lo negó, aquellas fueran organizadas para mandar el mensaje a sus adversarios de que él –y nadie más que él- era el favorito del gobernador Marín para quedarse con la plaza, y como en efecto ocurrió.
Pero ninguna versión tan elocuente como la de los ausentes. Dicen que el gobernador electo, Rafael Moreno Valle, estuvo a un tris de llegar. De hecho gente suya corrió la voz de “que más tarde”. El de la mesa pensó entonces que entre políticos las guerras son de mentiritas, nomás para mantener enhiesto al Respetable. También lució la ausencia del gobernador Mario Marín y en consecuencia de todo el marinismo, y del Comité Directivo Estatal del partido que ellos cabalgan a una mano y del que Enrique Doger es figura prominente, pues es diputado electo. Muy seguramente en algún resquicio de la conversación entre el ex rector y Madrazo apareció la hora en la que uno era presidente priista y el otro aspirante a la alcaldía capitalina, y cómo el uno dio su anuencia para que el otro se entronizará en el puesto. O un poco más atrás, cuando por primera vez un dirigente del PRI llegó hasta la entraña -el Salón Barroco- de la Benemérita a dictar una conferencia que versó sobre naderías, y por la que el clamor popular dijo al poco que se había pagado la ingente cantidad de 500 mil dólares. Aquel habría sido el primer escarceo del rector universitario con mayor facha de serlo, con el universo metafísico del priismo más espeso del que se tenga memoria en la faz de la tierra, en el último cuarto de siglo.
No faltó el que dijera que en aquel encuentro se hallaba el interlocutor indicado del priismo poblano con el nuevo gobernador. El tema no sale por las declaraciones de Madrazo, quien descartó a López Zavala y promovió a su anfitrión. No. Al parecer se trata de una preocupación del priismo nacional (léase Manlio Fabio, Peña Nieto, Gamboa Patrón y la señora Paredes Rangel), respecto a Puebla: hallar una persona que haga las veces de enlace con el nuevo inquilino de Casa Puebla. Pero no se trata de cualquier persona. Se precisa de la creación de una zona de confianza entre ambos mundos. Que garantice certeza a ambos lados. Por eso una persona que ha sido muy mentada es el ex gobernador Melquiades Morales. Por la cercanía y confianza entre los santones de la ciudad de México y el próximo gobernador. Para nadie es un secreto que uno de los mayores valedores del señor Manlio es el actual senador. Pero el ex gobernador ya dijo que él no.
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