El mayor mal del país es contar con mayor presupuesto
A propósito de mi interrogatorio del miércoles pasado sobre la frivolización grosera de los señores diputados respecto de las cifras del presupuesto, y de la relación perversa de “a más dinero mayor pobreza”, un amigo me envió uno de los últimos ensayos del ilustre Gabriel Zaid, publicado en la revista Letras Libres, en el mes de julio. El poeta se ocupa de la relación que ha experimentado la UNAM a partir de que el presidente Luis Echeverría le sextuplicó el presupuesto (pasó de 1,147 millones en 1971 a 6,792 en 1976).
Recuerda que a la represión estudiantil de 1968 le siguió una política de reconciliación, en la vieja tradición de “comprar buenas voluntades” con generosidad y concesiones. Y repasa el dicho más popular de Porfirio Díaz sobre sus críticos: “hay que echarle los huesos a los perros, para que dejen de ladrar”, y nada mejor que hacerlo mediante el presupuesto público.
El tema es muy ilustrativo de lo que ocurre ahora, no sólo con la educación general, sino en todos los órdenes de la administración pública: “Con Echeverría, las universidades empezaron a nadar en dinero –dice el autor. El resultado fue desconcertante. Prosperaron los administradores universitarios, los sindicatos universitarios, la construcción de edificios universitarios, los proveedores de instalaciones, equipos y materiales universitarios, las agencias de viajes universitarios y los deportes universitarios, pero no (próspero) la educación superior”.
Cita el Análisis de un sexenio de educación en México, 1970-1976, de don Pablo Latapí, en el que dice que aquel: “aumento de recursos [a la educación superior] y la expansión consecuente no se vieron precedidos por medidas que los prepararan. Ni las instituciones ni el sistema contaban con los planes, programas, personal calificado y estructuras administrativas para soportar esa expansión. Podría decirse que los recursos adicionales produjeron ‘más de lo mismo’, cuando no serios deterioros por una masificación imprevista. La actitud reconciliatoria del gobierno le impidió sujetar sus subsidios a condiciones de excelencia académica o de eficiencia administrativa. Así se desperdició una oportunidad excepcional de mejoramiento e innovación. Dos efectos negativos de la expansión impreparada fueron el descenso en la eficiencia terminal [el porcentaje de los estudiantes que terminan sus estudios] y el deterioro de la calidad académica.”
El contexto: “La protesta del 68 empezó contra los abusos de la policía. No exigía tanto mejorar la vida universitaria como la vida nacional, especialmente la situación de los mexicanos más pobres, bandera que tomaron demagógicamente los presidentes Echeverría y López Portillo. Sin embargo, el gasto público de los llamados presidentes populistas produjo universidades millonarias y menor nutrición”.
“Todavía en el año 2009, según el Tercer Informe de Gobierno de Felipe Calderón, el gasto federal dedicado a la educación superior (unos 2.7 millones de alumnos) fue de 103 mil 762 millones, de los cuales 21 mil 360 millones fueron para la Unam. Y el dedicado a la población indígena (unos 10 millones de habitantes) fue de 38 mil 103 millones. O sea que, proporcionalmente, la población indígena recibió diez veces menos que la población de estudiantes universitarios. Una sola institución (la Unam) recibió más ayuda federal que cinco millones de indígenas”.
Gracias a que cada vez el presupuesto es mayor “La Unam es ahora un monstruo burocrático. Tiene más presupuesto y personal administrativo (unas 27,000 personas, sin contar las 35,000 del personal académico) que muchas secretarías de Estado: Gobernación, Relaciones Exteriores, Economía, Trabajo, Reforma Agraria, Turismo y Función Pública (Tercer Informe). Tiene más presupuesto que muchos gobiernos de los estados: Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, Colima, etcétera (banco de datos del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, www.cefp.gob.mx). Tiene el mismo presupuesto que el gobierno de Nicaragua y más que muchos gobiernos de otros países: Haití, Belice, Rwanda, Laos, Mauritania, Guinea, etcétera”.
“La hinchazón administrativa que empezó con Luis Echeverría se volvió permanente. Los principales beneficiarios fueron los funcionarios y los sindicatos. Las universidades son ahora burocracias dedicadas al negocio de administrarse: vender una presencia constante en los medios (autocelebratoria, naturalmente), conseguir dinero en cantidades cada vez mayores, distribuirlo, etcétera, como las secretarías de Estado, los gobiernos de los estados y otras burocracias políticas. Se volvió normal que muchos directores, rectores y líderes sindicales de las universidades lleguen a ser altos funcionarios de la administración pública”.
“Según los indicadores de la ocde (Education at a glance 2009), los países miembros gastaron en 2006 el 13.3% del gasto público total en educación, con dos extremos. Alemania, Italia y Japón gastaron 10% o menos. En el otro extremo, México gastó más que cualquier otro país: el 22%. La suma del gasto público y privado representó en 2006 el 6.1% del pib de los países miembros. En el caso de México fue el 5.7%, mayor que en Alemania, Australia, Brasil, Chile, España, Italia y Japón”.
“Cuando el país gastaba 3% del pib en educación, se decía que era poquísimo. Ahora el gasto es de 6.5% del pib, según declaraciones recientes del secretario de Educación Pública, y muchos consideran deseable llegar al 8% del pib. ¿Para qué? Aumentar el gasto en educación ha aumentado la burocracia, más que la educación”.
“Desde hace años, en el mundo del trabajo hay quejas por la calidad de los graduados. A su vez, los maestros universitarios se quejan de lo mal preparados que llegan los muchachos de las preparatorias; cuyos maestros se quejan de cómo llegan de la secundaria, y así sucesivamente. Todo esto mientras el gasto sube y sube. ¿Para qué?”.
No cabe duda, el mayor mal que se ha hecho a este país es aumentar el presupuesto.
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