¿Se vale preguntar?

¿De veras es dinero y más dinero lo que requiere Puebla para salir del atraso en el que se encuentra sumido prácticamente desde cuando el PRI lo tomó en sus manos como gobierno; y será un mero espejismo eso de que en algún momento rivalizó y superó a la capital del Reino?

¿Es dinero y sólo dinero lo que se precisa para salir adelante como año tras año nos hacen creer los diputados priistas, panistas y del partido que sean; y como ahora mismo lo intentan hacer cuando estos mismos señores se disponen a discutir el paquete presupuestal para el año entrante?

¿No será que se requiere algo más que dinero para medianamente competir con las entidades del norte del país, las que hacía principio del siglo pasado estaban muy por debajo de Puebla, y ahora están muy por encima de él en prácticamente todos los indicadores?

¿No será que si algo han tenido los gobiernos locales en general, y los últimos en particular, es dinero para gastar a diestra y siniestra, y sin tener que rendirle cuentas prácticamente a nadie?

¿No será que uno de los males –tal vez imperceptibles para muchos por la fuerza de la costumbre– es que Ejecutivo y Legislativo en la práctica sea la misma cosa a la vez, cuando no uno sometido a los caprichos del otro?

¿No será que en la danza de los millones y más millones –como ayer titulaba Intolerancia diario–, hay intereses inconfesables que nada tienen que ver con el bienestar común y el progreso material y social de las personas, por qué de otra manera no hay explicación razonable de la quiebra?

¿O será que los señores gobernantes –sean del nivel y del grado que sean– no acaban de aquilatar que el desarrollo es un problema técnico antes que meramente presupuestal, y que por ignorancia, bribonería o lo que sea, es olímpicamente omitido?

¿O será que como dijo don Daniel Cosío Villegas de los gobernantes postrevolucionarios, allá por el año de 1949 en su memorable ensayo La crisis de México, que los de Puebla han resultado unos verdaderos enanos (“pigmeos” dice el texto), muy inferiores a los retos de Puebla?

¿O será que Puebla es perseguido por algún mal presagio, y gobierno tras gobierno, todos han salido malos para el bien común y tal vez buenos para lo suyo y lo de sus partidos?

¿O cuál es la explicación medianamente razonada que revele la relación perversa de a mayor presupuesto mayor pobreza y desigualdad, y los números más bajos en la escala nacional de bienestar y desarrollo social?

¿Acaso será un ejercicio ocioso y ajeno al derecho republicano que alguien pregunte cómo habiendo la obligación de una ley de planeación y una dependencia a nivel de subsecretaría para el caso, el proyecto más grande del sexenio que termina –La Célula– se halla construido sobre terrenos pantanosos?

¿Más dinero para la Secretaría de Salud del Estado?, ¿más dinero para que esa dependencia continué inaugurando hospitales cuando se sabe que al día de hoy no hay uno sólo que funcione al cien por ciento?, ¿más dinero para la compra de medicamentos para que termine pudriéndose en las bodegas?, ¿más dinero a salud para que Puebla se mantenga arriba con el índice más alto del país en mortalidad infantil en niños menores de cinco años?

¿Más dinero para Capfce, el famoso Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, que en Puebla encabeza el señor Chávez Carretero desde tiempos de Manuel Bartlett, con el pequeño interludio en tiempos de Morales Flores?

¿Es la mejor manera que tienen los señores diputados de ayudar a Puebla y a la gente que los eligió en las urnas botando por ellos?, ¿no hay otra forma de hacer efectiva la representación política en el poder Legislativo? ¿No sería mejor que primero exploraran las razones por las cuales persiste esa relación perversa de “a mayor dinero mayor pobreza”?

Chayo News

Hacia finales de septiembre de 1910, apenas concluido el éxtasis de las fiestas del Centenario, el periódico oficial auspiciado por las autoridades de la presidencia capitalinas, anunciaba en una de sus páginas centrales la casa Fiat Lux, proveedora de de toda clase de lámparas incandescentes. Pero había otro motivo más poderoso en los editores para incorporar aquel anuncio, la casa distribuidora en Puebla se había hecho acreedora al premio del concurso de “Fachadas del Centenario”, convocado por el ayuntamiento.

Pero los periódicos de aquella época también vivían sus pugnas internas y salían a flote en sus páginas. En la primera década del nuevo siglo, El Centinela escribió que El Constitucional “era un periódico escrito al son de ladrar que arranca al hombre del oposicionismo sin talento”. Al parecer el primero era un periódico conservador y gobiernista, en tanto que su contrario representaba los intereses liberales de la época y con toda seguridad era liberal y antirreeleccionista.

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Posted by Ociel Mora on septiembre 1st, 2010 | Filed in Sin categoría | Comment now »

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