PANAL, el partido de Peña Nieto en Puebla

 Un vistazo a las primeras planas locales de la semana pasada me hizo recordar una entrevista muy mentada entre los curiosos que gustan de buscar pistas en el pasado para explicar el presente.

En marzo de 1908 Porfirio Díaz fue interrogado por el periodista norteamericano James Creelman. (Para mi gusto a iniciativa del propio Díaz y no de los editores del Pearson´s Megazine, porque en seguida el presidente solicitó al periodista un libro para desmentir a Jhon Kenneth Turner, autor de México Bárbaro, uno de los reportes más brutales sobre las condiciones de esclavitud en las que sobrevivían los indios mayas en el estado de Yucatán, aparecido en los Estados Unidos aquel mismo año).

El encuentro tuvo lugar en lo que entonces era la casa oficial del presidente: El Castillo de Chapultepec.

Las declaraciones del viejo patriarca que para entonces se disponía a cumplir los ochenta años en un país cuyo promedio de vida era de apenas 48, causaron revuelo nacional (“alborotaron el gallinero”, dijeron entonces en un bando y otro).

No obstante su dicho de que no pensaba volver a reelegirse en la presidencia, sus declaraciones fueron juzgadas de inmediato como el arranque de su sétima reelección; para entonces Díaz ya era un anciano que sufría de achaques.

Incluso un país tan distante en los asuntos internos de México, como Colombia, se apresuró traducir la entrevista al español y la publicó primero que El Imparcial, el periódico mexicano que lo hizo poco después.

Para entonces (1908) el país amenazaba fracturarse, pues no acababa de salir de la crisis económica y agrícola que lo había azotado sin clemencia el año anterior, y amenazaba con traducirse en disturbios políticos. En el campo se había perdido la cosecha por las heladas; en la ciudad, por el cierre de muchas empresas que producían para la exportación.

Le pregunta el periodista: “¿Sabe usted que en Estados Unidos tenemos graves problemas por la elección del mismo presidente por más de tres periodos (Díaz lleva seis)?”.

Anota que Díaz sonrió ante su cometario, pero luego adquirió una concentración inaudita y así le respondió: “Sí, Sí, los sé. Es un sentimiento natural de los pueblos democráticos el que sus dirigentes deban ser cambiados. Estoy de acuerdo con ese sentimiento. He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligros de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir en el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado”.

“Pero señor Presidente –le aclara el entrevistador– usted no tiene partido oposicionista en la República, ¿cómo podrán florecer las instituciones libres cuando no hay oposición que pueda vigilar la mayoría o el partido del gobierno?”.

Dice Díaz: Es verdad que no hay partido oposicionista. Tengo tantos amigos en la República que mis enemigos no parecen estar muy dispuestos a identificarse con una tan insignificante minoría. Aprecio en lo que vale la bondad de mis amigos y la confianza que en mi deposita la patria; pero esta absoluta confianza impone responsabilidades y deberes que me fatigan cada día más.

“No importa lo que al respecto digan mis amigos y partidarios, me retiraré cuando terminé el presente periodo y no volveré a gobernar otra vez. Para entonces tendré ya ochenta años”.

“El país ha confiado en mí, como ya dije, y ha sido generoso conmigo. Mis amigos me han alabado mis méritos y pasado por alto mis defectos. Pero pudiera ser que no trataran tan generosamente a mi sucesor y que éste llegara a necesitar mi consejo y mi apoyo; es por esto que deseo estar todavía vivo cuando él asuma el cargo y poder así ayudarlo”.

Describe el periodista: “Cruzó los brazos sobre el ancho pecho y habló con gran énfasis”.

Doy la bienvenida a cualquier partido oposicionista en la República mexicana. Si aparece lo consideraré como una bendición, no como un mal. Y si llega a hacerse fuerte, no para explotar sino para gobernar, lo sostendré y aconsejaré, y me olvidaré de mí mismo en la victoriosa inauguración de un gobierno completamente democrático en el país.

Chayo News

No falta el optimismo desbordado de los que juzgan que la alianza opositora no irá más allá de los preparativos para la elección en el Estado de México, y que más temprano que tarde el acuerdo del gobernador Rafael Moreno Valle y su progenitora política llegará a su fin en los mejores términos, porque el 2012 a cada cual le aguardan destinos diferentes.

Esta afirmación tiene por base que el padrinazgo que cobijó a Moreno Valle es el mismo que ahora acurruca a Enrique Peña Nieto. Luego entonces la elección presidencial ciertamente no será un choque de trenes entre una y otro, pero sí eventual motivo de desavenencias. Pero he aquí los resquicios de la política, o la ausencia de escrúpulos.

No falta el que ya pregona que, ¿señores!, no habrá mayor problema. De ser Peña Nieto el candidato priista a la presidencia, irá de la mano con Nueva Alianza, el partido de la profesora. Luego entonces si mayor contratiempo ese partido puede hacer las veces en Puebla que en el pasado hacia el PRI.

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Posted by Ociel Mora on agosto 31st, 2010 | Filed in Sin categoría | Comment now »

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