Los dones de Anahí

 En algunos corrillos políticos se ha hecho correr la versión de que al primero que se “echó” Rafael Moreno Valle fue a la delgada de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indios, la señorita Anahi Romero Alonso. Quien la semana pasada fue separada del puesto por instrucción de la Secretaría de la Administración Pública (la contraloría del gobierno federal), bajo el cargo de haber privilegiado al dueño de las empresas constructoras Procesa y Ligonza, las que gracias a una treta preferencial de la funcionaria, su dueño habría obtenido ganancias superiores a los 25 millones de pesos. El membrete de ambas empresas sirvió para concentrar en sus manos cerca de 800 millones de pesos destinados a remediar las condiciones de infraestructura de la población indígena.

Como por estos días en general todo se hace pasar por el tamiz de las inusitadas elecciones de hace 20 días, se argumenta equivocadamente que se trata del primer ajuste de cuentas del gobernador electo contra su correligionaria de partido y ex adversaria en la disputa interna por la candidatura, Ana Teresa Aranda. De quien se sabe que Romero Alonso ha sido una de sus mayores y más queridos pupilos. Gracias a La Doña la jóven fue nombrada delegada de la SDS, sin tener el más elemental perfil para desempeñar el puesto y tampoco idea de la pobreza y marginación. Cuando la alcanzó la crisis, su mentora maniobró desde la ciudad de México para no dejarla en el desamparo, y fue nombrada al frente de la delegación de la CDI. Al igual que en el puesto anteriores, sin tener la más elemental idea de la población indígena y mucho menos de los procedimientos culturales que se precisan para intervenir en su vida comunitaria. Su nombrada generó un movimiento de protesta estatal de los propios indígenas. Se defendió entonces con el argumento de que aquellos eran manipulados por miembros del PRI.

La caída de Anahí Romero fue precipitada por sus mismos correligionarios panistas de viejo cuño, y habría sido una pariente cercana de Ana Teresa Aranda la que se encargó de su caída administrativa, en su condición de coordinadora de la contraloría en los estados. El asunto es una mezcla extraña entre intereses económicos y de moralina panista. Primero la funcionaria contrató los servicios de un personaje llamado David Limón Coleote (pariente cercano del actual diputado local por Acatzingo), para que realizara trabajos de supervisión de obra en la dependencia. Sin embargo, por la manipulación de algunos resortes emocionales que no se sabe cuáles, al poco Limón Coleote apareció también como contratista-constructor, y concentró toda la obra en sus manos. Enterados del presupuesto millonario, los panistas buscaron a la delegada para solicitar obra, o por lo menos que fueran considerados en los concursos. La delegada respondió a todos, o que no había obra o que ya estaba asignada. Entonces los panistas investigaron y dieron con que la relación de Romero Alonso con el afamado Limón Coleote no se constreñía solamente al retorcimiento de la normatividad para beneficiarlo, sino que iba mucho más allá, al terreno afectivo (una cosa muy respetable en ambos de no ser por los recursos millonarios de por medio). Ante su ex mentora, dicen, Anahí juró y rejuró que su relación era solamente de trabajo. Pero nada le creyó.

Chayo News

Con la buena nueva que éste fulano de dudosas credenciales morales, también se tomara unos días de descanso con la finalidad de poner punto final a un par de proyectitos, los que hace más de un par de años hacen tic tac en su vieja máquina de escribir marca Remington. Si los comandantes en Jefes no salen a contradecir, por acá nos hallaremos en un par de lunes.

No hay posts relacionados.

Posted by Ociel Mora on julio 23rd, 2010 | Filed in Sin categoría | Comment now »

Leave a Comment