Nada, nadie

48 horas antes de la elección me topé en una mesa a Alberto Jiménez Merino, con un grupo de periodista. El diputado rebosa radiante. Cuenta del proceso de designación de dirigente nacional en la CNC, de la cual él es uno de los candidatos fuertes de la terna. “¿Habrá votaciones para la designación, ingeniero?”, pregunta uno. “No, no”, apresura. Esas cosas todavía no rifan en el Revolucionario Institucional, ni hay los que las promueva, digo yo entre dientes. “Habrá un acuerdo previo y luego iremos a una asamblea”, aclara solemne. “Ha, ha”, cierra el de la pregunta.

Jiménez Merino es un político tradicional, a la vieja usanza, que se deja llevar por la marea. Es de los hombres “buenos” que creen que las cosas se resuelven desde arriba, y que no hay que apresurarlas (con la presión de la gente), porque al cabo “no hay mal que dure seis años”. Sí señor. Una de las máximas de la cultura priista. Jiménez Merino es un hombre vehemente, peligrosamente vehemente, y como diputado más. Cuenta de sus proyectos legislativos. Los presenta como la gran novedad. Dice que hará una ley para acreditar oficios. Ahora sí los fontaneros podrán atestiguar su experiencia con papeles oficiales expedidos por la SEP. “Hay que poner a estudiar a los periodistas”, dice otro.

Pero el tema que apura a los contertulianos no es ese sino la elección para gobernador de pasado mañana. “Cómo ve”, vuelve el de hace rato. “Muy bien, muy bien”. “¿Muy bien para quién?”, digo yo. La pregunta lo turba un poco pero se repone y aclara que para su partido, el PRI. Y para que no quepa duda sentencia. “Ganaremos el puesto de gobernador con entre siete y diez putos de diferencia”. Y hace cuentas en la misma tónica para la capital y los distritos citadinos. Entonces se hace un silencio largo. Y luego como un acto de cortesía, media mesa asienta su dicho con un movimiento distraído de cabeza.

La pregunta es inevitable y brota del grupo, creo que soy yo. “Denos tres razones técnicas por las cuales las cosas serán como dice que serán, ingeniero”. Como hijo legítimo del campo que es, fija la mira en el centro de la mesa, pero más que la cubierta, está mirando el suelo, y con una barita ha comenzado a trazar círculos indefinidos sobre la tierra de tepetates. Se ajusta el aro de lo anteojos, se toca los puños de la camisa, voltea a ambos lados. “Lo digo porque lo he visto con mis propios ojos” .Todos en el acto caemos en la cuenta que se trata de un arrebato retórico, y que el ingeniero o no sabe cómo viene la elección; o no quiere compartir el secreto.

El circuito de lo políticamente correcto acabó con el ejercicio de la crítica y nadie tuvo la voluntad de ayudar al amigo, al partido, a la opinión pública, advirtiendo de los nubarrones funestos que acechaban en el horizonte. Y quienes intentaron hacerlo, en el acto fueron tachados de traición. Pero no sólo era el epíteto de traición, sino que acto seguido eran condenados al paredón de fusilamiento por un pelotón de periodistas caracterizados por una inclemencia bárbara. El acabose fue la autocomplacencia sin límites.

Chayo News

El gobernador electo precisa con urgencia firmar un pacto político con todas las fuerzas, mediante la definición de una agenda mínima de gobierno.

De no hacerlo, más temprano que tarde empezara a trastabillar, porque la oposición priista fincara su fortaleza en lo mal que le vaya a la alternancia.

Es parte del juego de la competencia política, y al que recurren todas las oposiciones.

El fin de semana comenzó a circular en los medios, una “bomba de tiempo”, como calificó el secretario de la SCyT, la demanda de aumentar el pasaje de cinco a ocho pesos.

El transporte público en Puebla es intocable porque es uno de los soportes más poderosos de las redes clientelares del sistema. Las organizaciones están a merced de las autoridades del ramo, y quienes disienten son amenazados con el retiro de la concesión.

De la noche a la mañana surgió una megacoalición de transportistas que no sólo demanda aumentar el pasaje en 60%, sino la entrega de subsidios por las personas que pagan menos.

Revelado por los propios transportistas, se trata de un acuerdo debidamente pactado con anterioridad, con la salvedad de que las autoridades les habrían solicitado esperar a después de los comicios para evitar perjudicar a un partido.

El secretario del ramo ha dicho que le llevara un par de meses dar una respuesta. Lo cual será por octubre. Pero ya se sabe que el éxito de la política esta fincado en la capacidad para administrar el tiempo.

Como la respuesta precisará de negociaciones, muy probablemente se llegue al fin de año y entonces el incrementó entrará en vigor con el inicio del nuevo gobierno. Y entonces el agravio popular irá a la par con el gobierno de la alternancia.

Pero es muy probable también que el nuevo gobierno desconozca los acuerdos y deje a voluntad de los transportistas el aumento o no, y en paralelo empiece la modernización del transporte, con servicios eléctricos como los tiene la ciudad de México.

De ese modo liquida una de las organizaciones más beligerantes vinculadas al viejo sistema, se congracia con nuevos inversionistas y estable relaciones orgánicas con el gobierno de la ciudad de México. Y la población saldría ganando, porque habría una verdadera competencia por el pasaje, no por quedar bien con el sistema.

No hay posts relacionados.

Posted by Ociel Mora on julio 19th, 2010 | Filed in Sin categoría | Comment now »

Leave a Comment