¿A quién nos gustaría parecernos?

 ¿Cómo será que queramos ser los poblanos, digamos, hacia el final de la próxima administración estatal, que arrancará a principios del año entrante y terminará en el primer mes, pero del año 2017?

Para estos temas de alto interés público no hay presupuesto de las instituciones, y a los partidos y candidatos les resulta anodino averiguar ese género de temas, porque para eso están ellos. Para definir lo que conviene y no conviene a la población.

Tampoco al sistema de educación le interesa conocer cuáles son los anhelos de la gente, no obstante que su función suprema es la de formar profesional y moralmente a las futuras generaciones.

Ya se sabe que no importa el hecho de que la gente vaya en una dirección y sus gobernantes caminen en la dirección contraria, porque la población no está para participar en la definición de su futuro.

La Secretaría de Gobernación del gobierno federal aplica cada dos años la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Practicas Ciudadanas, pero como su nombre lo indica, está centrada solamente en conocer cuál es el estado que guardan entre la población ambas prácticas. No ahonda en las esperanzas de la gente.

Pero no se crea que el desinterés por los anhelos de la gente es un caso es privativo de Puebla, sino que todo indica que se trata de una tendencia nacional. porque tampoco los organismos de alcance nacional hacen esa clase de estudios de opinión público, pienso por ejemplo, en el Inegi y Conapo.

Lo que hay al respecto se debe a iniciativas particulares. Por ejemplo hacia finales de noviembre del año pasado, la revista Nexos de Héctor Aguilar Camín, encargó a la empresa Consulta un estudio demoscópico nacional para saber a quiénes nos queremos parecer los mexicanos. Los resultados fueron publicados en su número de enero.

A la pregunta “por su gobierno, por sus leyes, por su economía y por su forma de vida ¿a qué país le gustaría que se pareciera México?”, las respuestas fueron: Estados Unidos 30.6%; Chile 5.8%; Canadá 5.4%; Brasil 4.6%; Italia 4.1%; otros 4.3%; a ninguno 33.7%.

¿Por qué será que uno de cada tres nos queremos parecer al país norteño? La respuesta fue: por “su economía”, en seguida porque “hay empleos”. En el desglose por grupos poblacionales, las únicas variaciones significativas frente al promedio son entre personas de 30 a 49 años (EU 35.4%); los habitantes de zonas rurales (EU 34.4%); los oriundos del norte del país (EU 36.1%) y los del centro de México (EU 26.6%); los priistas (EU 34.2%); y los perredistas (EU 23.6%).

Luego vino un cambio: “ahora imagine que tenemos solamente 5 opciones de países a seguir: Brasil, Estados Unidos, España, China y Cuba. ¿A cuál de esos países le gustaría más que se pareciera México?”. La respuesta fue: EU 33.6%; China 9.1%; Brasil 7.3%; España 6.0%; Cuba 1.8%; a ninguno 29%.

Como se ve, Estados Unidos es el país al que más mexicanos quisieran que su país se pareciera; y la diferencia respecto a Cuba sigue siendo abismal. De nuevo, las dos principales razones son su economía 30.5% y que hay empleos para la gente 10.9%.

El estudio seguramente puede ser motivo de muchas objeciones, pero lo que no se puede obviar es que los mexicanos tienen una visión de país moderno y emprendedor. Más cercano a los valores de la ética protestante que a los tradicionales católicos. Los mexicanos no queremos ser parte de las redes clientelares, sino ciudadanos con derechos y obligaciones.

Chayo News

Rafael Moreno Valle no pudo contener el dibujo de una sonrisa cínica y siguió atendiendo sus asuntos de rutina.

Unos minutos antes se había enterado que Enrique Doger se le había ido a la yugular con lo del llamados “hoyo financiero”.

Pasado un rato pidió que lo pusieran al teléfono con un intermediario común. “Sólo te pido que le digas a Doger que quien se lleva, se aguanta”.

El mensajero fue con la razón y el ex rector dijo pasmado “no, espérate”. Conto que el candidato le había pedido aquel día que lo acompañara a una reunión de trabajo y que por ahí platicaban de algunos temas.

Ya frente al auditorio, explicó al enviado, el candidato pidió que lo ayudara leyendo su discurso porque anda medio malo de la garganta, entonces sin saber el contenido, Doger leyó y leyó, y siguió leyendo.

Entonces el mensajero se mostró listo, y dijo, yo te lo habría creído todo Enrique, de no ser por tu lectura de corridito y por los énfasis excesivamente marcados en los párrafos más duros.

Lo cierto es que desde muy arriba se instruyó que había llegado la hora de las definiciones. Estaban o se iban. Así es que la estrategia fue acordada con una semana de anticipación allá sobre La Diagonal, y el acuerdo fue que no lo supieran más de tres gentes, hasta llegado el día.

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Posted by Ociel Mora on mayo 27th, 2010 | Filed in Sin categoría | Comment now »

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