Que en el día del niño Zavala y Moreno Valle digan qué harían contra la pederastia

 No sólo algunas universidades privadas comprometidas con los problemas comunitarios se han pronunciado en contra del celibato, por tratarse de una antigualla que los curas sólo respetan de dientes para fuera, sino que al respecto han hablado también especialistas, los que miran en la abstención –esa sí– un atentado contra natura.

Pero el problema no es sólo de universidades y especialistas, los que con legítima preocupación miran como miembros de la iglesia católica desgracian de por vida a muchos niños, sino que en el caso de Puebla el tema de la pederastia exige un pronunciamiento de los candidatos en proceso de ser electos gobernantes.

Las víctimas, sus familiares y la opinión pública en general, quieren conocer la opinión que respecto al tema tienen Rafael Moreno Valle y Javier López Zavala, y en caso de ganar la gubernatura, que haría cada cual para garantizar la integridad física y moral de los menores que –vulnerables como son y en atención a sus creencias– se relacionan cotidianamente con los curas.

La pederastia ya es un problema de salud pública que demanda de los gobernantes política preventivas. Las víctimas siguen siendo miembro de familias de los sectores más desprotegidos, que no tienen modo de hacer valer sus derechos, amén de que seguramente son amenazados por los propios agresores mediante invocaciones de toda clase.

En Puebla un solo sacerdote, un tal Nicolás Alvarado, es acusado de haber abusado sexualmente a más de noventa menores. Por razones de reputación y morales, la mayoría de los casos de violación se quedan en el anonimato, primero por el temor de los agraviados a los prejuicios de la opinión pública, y en segundo porque está más que demostrado que los procesos judiciales contra curas pederastas no prosperan, o prosperan muy lentamente.

La justicia nacional es tan complaciente con la jerarquía católica y sus miembros, o tan indolente y distante de la niñez mexicana, que la pederastia no se encontraba tipificada como delito en la legislación nacional. Apenas lo consiguió esta legislatura, que ordenó varias modificaciones a leyes secundarias, lo cual hizo con la aprobación de apenas 294 diputados de 500 que integran la asamblea de la Cámara de Diputados.

Apenas la semana pasada la ONG Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales por Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés) aseguró que al menos 16 religiosos denunciados por abusos sexuales y pederastia en EE UU se encuentran ejerciendo el sacerdocio en México. La Arquidiócesis Primada, encabezada por el cardenal Norberto Rivera, ha desoído las quejas de los activistas según la ONG, (El País, 22-04-10). Nicolás Alvarado es acusado de violación de niños también en aquel país del norte.

A mediados de mes se conoció el caso del cardenal Darío Castrillón, que como prefecto de la Sagrada Congregación del Clero en Colombia, en carta felicitó a un obispo francés por no haber denunciado ante las autoridades civiles a uno de los curas de su diócesis, acusado de haber abusado sexualmente de menores. La información no salió de algún medio contrario a la iglesia, sino del propio Vaticano.

La jerarquía católica actúa con impunidad de manera deliberada para proteger a sus sacerdotes. La pederastia no es un caso aislado, circunscrito a una región, país u orden, sino generalizado en el mundo entero. Ante las tímidas amenazas de justicia, la iglesia católica ha respondido retando abiertamente al estado mexicano. Meses atrás Norberto Rivera arremetió desde el púlpito con la amenaza de que la iglesia católica no tiene por qué obedecer las leyes del hombre, que son perversas e inmorales, y que la divina es la única ley superior.

No sería ésta la primera vez que la iglesia católica sale pistola en mano a desafiar al estado mexicano. Ya en una ocasión organizó una sublevación armada contra las leyes de Reforma. La encabezó el cura de Zacapoaxtla, en marzo del año de 1856. Por fortuna la asonada fracasó al poco de haber iniciado el levantamiento. Es un dato que deberían conocer los políticos que en público gustan vestirse con la piel de Juárez.

Cuánta razón tenía un tal Joseph Ratzinger, cuando en abril pero de hace cinco años, previo al cónclave para elegir al sucesor de Juan Pablo II, pronunció la frase que terminaría siendo profética: “¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia!”

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Posted by Ociel Mora on abril 30th, 2010 | Filed in Sin categoría | Comment now »

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