No estamos tan peor
Ciertamente no todo son noticias malas, de tramo en tramo aparecen datos que no son propiamente la fatalidad a la que nos tiene acostumbrado el día a día de la ineficiencia política.
Los especialistas económicos ajenos al aparato gubernamental han comenzado a observar signos de recuperación en la economía mexicana, no por acciones internas, sino resultado del mejoramiento del entorno mundial
Estudios previos al primer trimestre auguraban que en el 2010 el producto interno bruto mexicano no crecería más allá del 2.5%, los precios se elevarían por arriba del 5 por ciento, y en materia de empleos registrados en el IMSS, a lo mucho se llegaría a los 275 mil puestos.
Proyecciones elaborados por organismo internacionales, ajenas al aparato oficial, sin embargo, y con cifras correspondiente al primer trimestre, han comenzado a pronosticar una vertiginosa recuperación económica.
Se afirma que el crecimiento del Producto Interno Bruto durante el 2010 no será del 2% ni del 3 por ciento, como previó a principio de año la Secretaría de Hacienda, sino que puede superar los cinco puntos porcentuales.
Dos semanas atrás la representante en México del grupo financiero británico Barclays Capital, Jimena Zúñiga, especialista en Mercados Emergentes, anunció un crecimiento para el país del 5.5%.
Por lo que se ve a partir de los indicadores del primer trimestre, se tratara de uno de los mejores desempeños de la economía, equiparable al observado en el año 2000. Aunque, insisto, se debe al impulso del mercado externo.
En comparación con el año pasado, las exportaciones mexicanas se elevaron en un 38.2% (Inegi). El automotriz fue el sector más beneficiado, con un incremento del 79.7%, en tanto que las ventas de petróleo aumentaron 70%. En los tres primeros meses el superávit (se vendió más que lo se compró) fue de 148 millones de dólares.
Si vender más que lo que se compra al exterior no es indicativo de la recuperación, en la primera quincena de abril el índice de precios al consumidor no subió como se esperaba, sino que tuvo un descenso de 0.31%.
Como es bien sabido, Felipe Calderón ha sido etiquetado por l oposición como “el presidente del desempleo”, por aquello de sus promesas incumplidas de campaña.
Sin embargo, a mediados de mes la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la famosa OCDE, declaró que México tiene una de las tasas de desempleo (5.2%) más bajas de entre los 30 países que integran el organismo.
Lo cual quiere decir que el país medido con los más ricos del mundo, tiene mejor desempeño laboral que la mayoría de ellos. Y no podría ser de otra manera cuando aquí se han incubado las riquezas más grandes del planeta.
Así pues y en materia de empleos formales creados de enero a marzo, y según las cifras publicadas por la Secretaría del Trabajo, a cuya cabeza e encuentra el bronco poblano de Javier Lozano, el incremento fue de 334,652 nuevas plazas.
Un dato más que no debe pasar inadvertido es que la recuperación mexicana se está registrando sin haber desbalanceado el déficit presupuestal (con inversiones faraónicas como se demando hacer), como sí lo hicieron otros países, y que ahora amenaza su estabilidad económica.
La recuperación económica beneficia a Puebla en muchos sentidos. Por un lado por el crecimiento del mercado automotriz (la única industria de grandes vuelos), y porque la Secretaría de Finanzas y Administración recibirá de la federación más dinero por la venta de petróleo.
El país no se encuentra sumido en el pozo de la inanición como testarudamente quieren hacer creer los enemigos del presidente, que en los hechos lo son del país, de las familias y las personas.
La recuperación económica no es virtud de las decisiones locales, ciertamente, sino de un ambiente internacional propicio. Y en mucho es así porque el Congreso de la Unión se ha negado reiteradamente a emprender las reformas imprescindibles para que el país se incorpore plenamente a los circuitos internacionales de la economía.
Y no lo hacen los diputados del PRI –la fracción que tiene mayoría en ambas cámaras de la Unión– porque ha fincado su retorno a Los Pinos no en su capacidad de renovación, sino en lo mal que le vaya al presidente, y en consecuencia al país.
Chayo News
Alejandro Armenta es por muchos motivos un hombre osado. No lo digo sólo por su desempeño durante el mini debate que sostuvo con su par del PAN, sino porque es dueño de una carreta política que no tiene paralelo en su contrincante Juan Carlos Mondragón.
Por lo demás, los debates con fines electorales no son un reparto de culpas ni actos obligados de constricción. La primera condición para un debate con ribetes largos es reconocer con sinceridad los problemas, acto seguido que esos problemas precisan de solución, y que la solución requiere de la incubación de un largo proceso, que empieza en el punto “a” y termina en el “z”.
No hay que olvidar tampoco que los miembros de partidos (Armenta y Mondragón encabezan al PRI y al PAN, respectivamente), como organismos de interés público, no son adversario sino socios de una misma empresa, que se llama sacar a Puebla del pozo del rezago.
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