Todo indica que ya estuvo
Entre la clase política priista flota una especie de sensación de que algo grande se cocinó el fin de semana.
Bien a bien, nadie a tina a explicar qué, pero todos indican que algo les dice que este arroz ya se cocino.
Tal vez sean los inusitados acontecimientos acaecidos en los pocos días que van de la semana, pues apenas es miércoles.
Nadie entiende cómo tan de repente el señor Mario Montero salió a cubierta y reconoció a Javier López Zavala como el líder indiscutible: explicó de propia voz que va a la cabeza en las encuestas para gobernador.
No se entiende, o no lo entienden sus correligionarios, porque todavía hasta la semana pasada, el titular de Gobernación se encontraba en el reducido bando de los que miran con desdén al titular de la SDS.
Tamaña reconsideración de una día para otro ha llamado la atención de toda la clase política, pero de manera particular de los dubitativos, los que han comenzado a recapacitar sobre su futuro inmediato.
Montero era de los que apostaban a que en el breve camino del partido, las cosas se descompusieran y fuera visto por todos como el emergente imprescindible para la grande.
Desde una poderosa oficina se hizo correr la versión de que en el proceso de selección de candidato a gobernador en el PRI, había uno que hacía de “burrero”, para seguridad e integridad del “tapado”.
Algo le dice a la clase política el anuncio concertado de PAN y PRD de que, cada uno por su lado, pondrán sendas denuncias judiciales en contra de Blanca Alcalá, dizque por supuestos actos adelantados de campaña.
No hace falta una mente perversa para caer en al cuenta de que la dirigencia estatal del PRD trabaja de cancerbero para beneficiar (extorsionar) a quienes de palabra dice combatir como adversarios.
Esa misma condición caracteriza al Partido Acción Nacional de punta a punta; los hechos recientes han demostrado que ese partido gana más desde la oposición que como gobierno.
La restauración del estado confesional y autoritario, no lo están haciendo los gobiernos panistas, como se esperaba con la arribo de la ola de alternancia en los estados, sino las legislaturas priistas.
En esa misma dirección debe leerse la amenaza de denuncia en contra de Víctor Manuel Giorgana Jiménez, colaborador cercano de Blanca Alcalá, y temeroso candidato a la alcaldía capitalina.
De todos los aspirantes, la alcaldesa (en el caso de serlo) es la más escrupulosa en la observación del marco legal vigente. Un dato que nadie objetaría razonablemente, ¿o si?
Algo dice también a la clase política la contundencia de las declaraciones del diputado Juan Carlos Lastiri Quiroz, coordinador de la bancada prisita en San Lázaro, y uno de los valedores de Javier López Zavala.
De pronto Alejandro Armenta se retiró de la escena pública y puso a declarar en su lugar a la Secretaria General, cuyas declaraciones no tienen mayor trascendencia, y tampoco comprometen en nada al partido.
Hasta una persona tan convencida de que Puebla precisa de una renovación política para salir del pozo de la premodernidad, como Alberto Amador Leal, de pronto se ausentó del debate.
¿Y el hijo pródigo del sistema qué? Para muchos también ya fue alcanzado por el síndrome del fin de semana. Ya sea por las negociaciones de puertas adentro o por quién sabe qué misterios coercitivos de poder.
El caso es que ya se habla de un Doger desfallecido.
La única conclusión que ha sacado la mayoría de la clase política es que en su quinto año, el gobernador Mario Marín se encuentra en la cúspide del poder.
No hizo mella en su persona la actitud condescendiente de Blanca Alcalá y la popularidad que se le avizora en todos los sectores de la sociedad.
Pero tampoco la actitud republicana y enhiesta del ex presidente municipal movió un ápice el ánimo del gobernante.
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