El proyecto, más que el candidato
El proceso electoral ya entró en la etapa de selección de candidatos, tal vez se trate de la más importante, porque del acierto o desacierto de los partidos, dependerá el triunfo de uno y la derrota de los otros el primer domingo de julio próximo.
Vayamos por partes. Entre mañana y pasado el Comité Directivo Estatal del PRI recibirá los resultados de la primera encuesta oficial sobre el estado de popularidad que guardan los aspirantes a gobernador por ese partido, amén de los otros puestos.
Los resultados sobre el grado de popularidad de quienes han levantado la mano, será información decisiva para la “toma de decisiones” de la dirigencia, porque a querer o no, en el caso de gobernador, los datos de mañana o pasado, acabarán perfilando el nombre de quien sea el abanderado del PRI.
O incluso los nombres, porque la dirigencia tampoco descarta un eventual escenario en el que puede darse un empate técnico en popularidad, entre dos, o tal vez tres.
El nombre de los candidatos a gobernador son los conocidos en el mundillo de la política. Aunque en las últimas semanas, y de acuerdo a los cálculos de ese partido, el número se ha reducido a dos aspirantes formales y dos informales.
Lo cual es equivalente a suponer que ese partido no ha descartado un cambio brusco de última hora, tal vez obligado por las circunstancias y el imperativo que tiene de de negar.
Hacia dentro del PRI la novedad es que en éste primer sondeo no fue incluida la alcaldesa capitalina, Blanca Alcalá, aunque sí aparece su nombre en la segunda ronda.
La razón o cálculo de una decisión a medias como se entrevé en el caso de la autoridad capitalina, nadie la entiende a primera vista. Pero en todo caso, es facultad de ese partido y de sus militantes, y de cómo se ejercen los derechos y facultades de cada cual.
Como se sabe, aspirantes y partido acordaron realzar un par de encuestas para conocer su grado de aceptación entre la población, y desde allí perfilar un ganador, o ganadores.
En caso de que para el puesto de gobernador, uno de los aspirantes no supere a los otros con una diferencia de por lo menos “diez puntos”, habría una tercera encuesta, o incluso el partido optaría por otro mecanismo diferente.
Alejandro Armenta ha ponderado que la información de las encuestas no tiene más finalidad que servir para la “toma de decisiones”. Es decir, que define y no define al “ungido”.
Aunque para algunos de los participantes en la auscultación del más popular, paralelo al proceso de selección vía estudios demoscópicos, hay un hecho de selección consumado.
Por lo demás, se dice que en términos estrictos el resultado de la primera encuesta no deberá de salir de las manos de los interesados y del partido, pero ya se sabe que más temprano que tarde acabará en las páginas de los periódicos gestionando a favor de unos y otros.
Pero el tema de quién es el aspirante más popular en el Revolucionario Institucional es un asunto interno de ese partido, que no tiene mayor trascendencia mientras no se le vea en función de sus eventuales potencialidades para derrotar a los contrincantes de los partidos adversarios.
Y si todavía queremos ir más abajo, y juzgamos el proceso de selección de candidato a gobernador que viven por lo menos los partidos con posibilidades reales de triunfo, se diría desde una perspectiva ciudadana, que el tema de fondo no es la popularidad, sino la capacidad de los abanderados para armar un proyecto que de una vez por todas saque a la entidad de las inequidades en la que se encuentra atrapada por el pasado.
No hay posts relacionados.
Leave a Comment