Los diputados no son ejemplo de honradez pública
Veo en un boletín de prensa que estudiantes de derecho del Instituto Tecnológico de Monterrey, participaron en el programa “diputados por un día” en el recinto legislativo. Los alumnos fueron atendidos por dos personajes que ostenta el título de representantes populares. Se trata de Javier Aquino Limón y Carlos González de la Calleja.
El primero lo es por el distrito que tiene por cabecera a Acatzingo, y cobró fama a partir de que fue alcalde de aquel ayuntamiento, cuyo desempeño cuadra entre los peores que se hayan observado en el trienio pasado. Aunque es de justicia decirlo, los de aquel pueblo dicen que en artes de trapacerías, ninguno supera al actual presidente. Todo, dicen, al amparo de quienes los han alentado.
Pero Aquino Limón alcanzó su apoteosis una noche de viernes (bueno ya sábado) de la segunda semana de julio. Según la tradición oral de aquel distrito, aquella vez el personaje manejaba en completo estado de ebriedad su poderosa camioneta negra. No respetó los topes que se encuentran a la altura de Hueyapan, y se montó en un par de indefenso transeúntes, que en mala hora se cruzaron en el camino del diputado impune. Ambos murieron aquella noche.
Pero ya se sabe que en personajes como Aquino Limón, la política se mide no por el servicio al prójimo, sino por la capacidad para hacer dinero y por el grado de impunidad que puedan alcanzar. Así es que esa misma noche aparecieron un par de “Juanitos” (los hermanos Sorcia Vega, quienes como empleados del legislador, se autonombraron culpables del accidente de tránsito), y unas horas después todo estaba en regla ante el ministerio público.
El lunes siguiente, un periódico cabeceó la nota así: “mata a dos y queda en libertad”. En términos judiciales, Aquino Limón es un impoluto servidor público; en términos de opinión pública, del parecer de la gente, no. Y en política, como se exigía de la mujer del César, no sólo hay que serlo, también hay que parecerlo.
Que diputados como Aquino Limón se presenten como ejemplo de honradez pública ante un grupo de estudiantes de licenciatura, de una carrera que en general es considerada sinónimo de político, crea un muy mal precedente para el desarrollo de la cultura cívica, y para el prestigio de quienes se dedican a la política, entendida ésta en su acepción clásica. De participación y servicio a la comunidad.
Con estos ejemplos “ilustres”, los profesionistas que el día de mañana se esfuercen para ser unos abogados exitosos, no actuaran conforme a los valores de “honra pública” y buenos ciudadanos, sino con los trastupijes y las engañifas que al señor Aquino Limón le han permitido “usurpar” el sitio que hoy tiene.
Chayo News
Claro que como muchos, apoyo la decisión del presidente calderón de desaparecer una de las empresas más ineficientes y caras, la Comisión de Luz y Fuerza del centro, y un sindicato con el disfraz de democrático y progresista, pero con las prácticas más deleznables del pasado.
Las empresas, sean públicas o privadas, deben ser ante todo competitivas. Y si no lo son, sencillamente no hay ninguna razón para su permanencia. El caso de la LyF costaba anualmente a los contribuyentes alrededor de 40 mil millones de pesos, el equivalente al presupuesto anual del Estado de Puebla.
A eso, hay que sumar los costos al consumidor. Mucho más arriba que su par, la Comisión Federal de Electricidad. Y un sindicato con prestaciones laborales y prebendas que no correspondían con su desempeño. En plena crisis económica, esa organización gremial inauguró un gimnasio que tuvo un costo de cien millones de pesos.
He leído con atención el artículo que sobre el caso escribió el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y el editorial del periódico de izquierda mexicano, en busca de datos y argumentos a favor de la empresa considerada por los sindicalizados como suya. Y debo decir, que más allá de la vehemencia retórica, nada.
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