Blanca o Zavala, no hay más
No nos engañemos, en el PRI sólo hay dos candidatos para gobernador.
Ellos son Blanca Alcalá Ruiz y Javier López Zavala; Javier López Zavala y Blanca Alcalá Ruiz.
No hay más, salvo una tragedia de última hora de alcances impredecibles, que no es el caso de Puebla, y que nadie desea.
El resto de los aspirantes que gustosos se toman la foto, son parte de la escenografía imprescindible para, llegada la hora, arropar y legitimar al ungido, e incluso para presionar y perseguir a los disidentes, a cambo –claro- de figurar en otros puestos.
Blanca y Zavala son los únicos aspirantes reconocidos por la nomenclatura priista, la que en este momento toma las grandes decisiones en ese partido, en función de intereses muy específicos.
Intereses que no son otros que garantizar el retorno del PRI a Los Pinos en el 2012, es su idea fija, el eje sobre el que se resuelve todo, y el que todo lo imanta y todo lo doblega.
Luego entonces Blanca Alcalá y Javier López Zavala son los únicos precandidatos considerados en el proyecto nacional de la nomenclatura, en el corto y mediano plazo.
Quiero decir, son ellos dos y sólo ellos dos, los que aparecen en los planes echados a andar desde ya para ganar la presidencia de la República.
Y serán ellos dos los únicos que sean tomados en cuenta en los sondeos de opinión que tanto preocupa a unos, y a otros los tiene sin el menor cuidado.
Los movimientos de la nomenclatura son imperturbables, y gracias a ese carácter el PRI ha sido llevado a ese lugar de privilegio que hoy tiene.
En efecto, sobre las sienes de la nomenclatura ronda la experiencia amarga del 2006, que le costó al PRI la derrota más sonada de toda su historia.
Por eso el nombre del candidato para competir por la gubernatura no estará en función de los intereses locales, como alguna lectura apresurada supone, sino de quien lleva el timón nacional.
Y llegada la hora, la nomenclatura decidirá en función de las garantías que cada uno de los dos aspirantes ofrezca para asegurar el triunfo presidencial, y en segundo término el triunfo local.
Por lo demás, la participación del gobernador estará en consonancia de su seguridad de ex gobernador, o de su sobrevivencia política, que puede darse a través de un puesto de elección popular.
Y esas condiciones no son otorgadas por ningún gobernador en turno, sino por la nomenclatura. Y en la nomenclatura, no obstante la CONAGO, no participa ningún gobernador.
Ni siquiera Peña Nieto, quien en términos estricto hace las veces de imagen del partido, pero hasta allí., no más.
Las experiencias de gobernadores que sueñan con su porfiriato sobran. Manuel Andrade no ganó una sino dos veces la gubernatura de Tabasco, fue querido por los tabasqueños y puso al gobernar.
Enrique Martínez y Martínez y Tomas Yarrington Ruvalcaba no sólo fueron buenos gobernadores sino que se metieron a la pelea por la presidencia de la República, pero en cuanto se despojaron del nombramiento, fueron vilmente devorados no por el nuevo Virrey, sino por la nomenclatura.
El tiempo es una máquina implacable que todo lo tritura. En la cultura nacional priista no hay mal que dure seis años, dicen los de los comités.
Ni falta hace decir aquí que en el caso de los aspirantes palomeados, uno representa los intereses corporativos de la clase política; el otro, los anhelos del cambio y la modernización.
Pero volvamos al punto de arranque, al cabo y llegada la hora, la convocatoria que expedida la nomenclatura, dirá que el candidato a gobernar en Puebla será de “unidad”.
Entonces como dicen los campesinos de mi pueblo, “no por madrugar amanece más temprano”.
Chayo News
Uno de los mitos más grandes que se han alimentado alrededor de la candidatura priista a gobernador es el de la famosa “estructura”.
La que por cierto cada vez está más escuálida si se observa como ese partido se ha venido moviendo a la baja en las últimas elecciones locales.
Lo cierto es que sólo con los votos del PRI nadie gana una elección.
En abril de 1994 ningún priista de base sabía quién era un tal Ernesto Zedillo, vinieron las elecciones y el personaje ganó con creces.
Decir que Blanca no puede ganar porque no tiene estructurar es decir una tontería, porque justamente esa condición es lo que la hace un “producto” altamente apetitoso.
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