¿Para eso querían la mayoría el PRI?

 Los priistas ya dijeron que sí aprobarán el impuesto del 2 por ciento que será destinado a fortalecer con más dinero los programas destinados al combate de la pobreza, como propone el presidente Calderón y su partido el PAN. Un recurso de justificación impecable desde el punto de vista publicitario.

Era un hecho cantado la aprobación del nuevo gravamen. Hasta un comentarista como el autor de Disiento lo advirtió apenas pasadas las elecciones del 5 de julio. Primer engaña a la población; porque en campaña PRI y PAN dijeron que no subirían los impuestos.

La fracción priista también aprobó la designación de Arturo Chávez Chávez como Procurador General de la República, como solicitó Felipe Calderón, no obstante que cuando se hizo el anunció, los priistas la criticaron y dijeron que de ninguna manera pasaría el ex procurador de Francisco Barrio, por su sospechosa complicidad o negligencia en los asesinatos de mujeres de Juárez.

Antes y sin mayor reflexión, no obstante tratarse de uno de los temas más sentidos por el patrioterismo en el que se le mantiene envuelto, aprobó la designación del nuevo titular de PEMEX, un nombramiento tan cuestionable o tal vez más, que el de Chávez Chávez, porque con el arribo de José Suarez Coppel se horada la autonomía de la empresa.

Ya se ve para qué quería el PRI la mayoría en la Cámara de Diputados, para fortalecer las políticas panistas de más impuestos a la población, profundizar la privatización de los bienes nacionales, legitimar el nombramiento de funcionarios bajo sospecha, y una mayor concentración del poder.

En una palabra. Los priistas querían la mayoría para afianzar el modelo económico vigente, cuyo saldo más visible es que uno de cada dos mexicanos vive por abajo la línea de la pobreza (50.5 millones), uno de cada cinco (19.5 millones), en la indigencia porque no tiene para comer (según datos de la presidencia de la República en la exposición de motivos del nuevo impuesto).

¿Y los diputados poblanos dónde están? De nada ha servido que Puebla cuente con una de las bancadas más numerosas si hasta ahora ninguno de sus miembros ha demostrado capacidad de gestión en las ligas nacionales. Quienes en algún momento prometieron, esa promesa estaba en función de la fuerza de funcionarios nacionales ¡panistas!, no priistas. Es decir, su eventual nominación en alguna comisión estaría en función de los intereses del partido contrario, quien los habría ayudado para llegar al puesto.

El caso de la banca poblana pone de manifiesto que el encerramiento de sus hombres en la entidad no contribuye a nada que no sea la asfixia política y el fracaso. Tal vez con la excepción de Ardelio Vargas y Alberto Jiménez Merino, el primero por su desempeño en chambas federales y el segundo por su formación y paso por la Universidad de Chapingo, del resto no se hace uno. Salvo para engrosar las filas de los diputados lumpen, los que conforman “El Bronx”, o para hacer negocio al amparo del fuero.

Es posible que el PRI local haya designado una bancada leal para sus intereses cortoplacistas, pero inepta para hacer efectivo el principio de representación popular y de división de poderes y promover el progreso y la democratización de la entidad. No pierde ese partido, pierde la población, y pierde Puebla. Los nuevos representantes poblanos ya se hundieron en el anonimato espeso de la ciudad de México.

Pero también esta el otro diputado, ese que se regodea en la banalización de televisa, como lo hace extasiado ese muchacho promovido por el PRI, aunque con los colores del Verde, para garantizar en la y desde la Cámara, los privilegios del monopolio televisivo nacional. Cada diputados nos cuesta a los ciudadanos alrededor de 3.5 millones de pesos anuales. Un número cada vez mayor de personas no se siente representada por el Legislativo.

Así pues no sería nada extraño que para las elecciones presidenciales del 2012, PRI y PAN vayan en alianza, con un candidato común. Y sino, al tiempo, señores.

Chayo News

No nos engañemos, en el PRI sólo hay dos candidatos para gobernador.

Ellos son Blanca Alcalá Ruiz y Javier López Zavala

El resto de ellos es la escenografía imprescindible para la legitimación del ungido.

Son los reconocidos por la nomenclatura priista, no hay más.

La participación del gobernador Mario Marín estará en función de su seguridad de ex gobernador o de su sobrevivencia política, que puede darse a través de un puesto de elección popular.

Y esas condiciones no son otorgadas por ningún gobernador en turno, sino por la nomenclatura. Y en la nomenclatura, no obstante la CONAGO, no participa ningún gobernador.

Al cabo y llegada la hora, la convocatoria expedida por la nomenclatura, dirá que el candidato a gobernar en Puebla será de “unidad”. Como dicen los campesinos, “no por madrugar amanece más temprano”.

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Posted by Ociel Mora on septiembre 25th, 2009 | Filed in Sin categoría | Comment now »

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