La degradación política
En el momento que me dispongo a cruzar por los cafecitos del portal, una garra en forma de mano me detiene y me desploma en la primera silla. “¡Cómo ves!”, interroga imperativo. “¿Cómo veo qué?”. “¡A los candidatos!”.
El “cómo ves” es un recurso muy en uso entre políticos y periodistas en este momento. Los primeros para ponderar los “méritos” de uno u otro aspirante, o denostar adversarios; los periodistas, porque quieren conocer la opinión de fulano o zutano sobre éste o aquel tema.
Por ejemplo, todos los columnistas ambicionan saber los pormenores de la reacción que tuvieron los eventuales adversarios de Enrique Doger, hacia la tarde-noche de la celebración de su cumpleaños, y cuál es el estado emocional del ex rector después de aquella comilona.
Pero yo digo a mi interlocutor lo que ha he dicho infinidad de veces en este espacio. El problema de los candidatos es un asunto interno de los partidos. Porque al cabo el derecho a votar y ser votado es una prerrogativa universal, por lo tanto cualquiera puede inscribirse para el puesto que quiera.
Todavía más: en esa lógica de inclusión abierta, yo podrá decir que a mayor número de aspirantes a un puesto de elección popular, mayor posibilidad de elección para los votantes-mandantes. Lo cual no debilita a los partidos, los enriquece.
Oscar Aguilar González, por ejemplo, dice solemne que será candidato a gobernador por el PRI; y no pasa nada, y en el caso que pase, será un asunto meramente entre priistas. Y eso no de la masa popular, sino de sus dirigentes.
Pero quien en este momento me aprisiona aquí, no le interesa esta clase de disquisiciones, el quiere meter el nombre de Jesús Morales Flores a la conversación, como el fiel de la balance y quien tiene –dice- no sé que capacidad de movilización y relaciones políticas en la ciudad de México.
Y dice más: “ustedes los periodistas no ven más allá de la nariz”. Seguramente sí, digo.
El tema de los candidatos, insisto, es un asunto de los partidos. De sus órganos internos y de sus plataformas y sus militantes.
Desde una lectura ciudadana. Lo importante no son los candidatos, sino los proyectos. Los diagnósticos que tengan sobre los problemas que enfrentarán como gobernantes. Qué tipo de soluciones ofrecen para cada caso. Y cómo piensa traducirlas en acciones de gobierno.
Pero de eso nadie habla, porque la degradación de nuestra cultura política ha llegado a un punto de peligro, en el que hablar de problemas sociales se ha vuelto de mal gusto; y lo único importantes, lo único que cuenta son las imagines en la televisión en horario estelar.
Pareciera que estamos ante la profecía de Michel Foucault y Jean Baudrillard, de la que el domingo hablaba Mario Vargas Llosa en El País: “el hombre no existe”.
“La verdadera realidad” en la que vive el hombre de hoy no es el mundo que cree pisar, sino las imágenes que “fingen reflejarlo, que no son sino las interesadas y manipuladas versiones que dan de él los medios audiovisuales al servicio de los poderosos de este mundo”.
La banalización de la política ha reducido la elección de funcionario a una especie de concurso de “mis universo”.
Hasta los dirigentes de partido suelen decir sin pudor que lo importante no son los proyectos sino los candidatos. Y hasta hay un partido, el Verde, que de manera deliberada elige a sus candidatos de entre los muchachitos con “cara bonita”.
Chayo News
La última encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica-GCE que dirige el priista Liévano Sáens, tiene cifras para Puebla dignas de atención. Por ejemplo:
6 de cada diez encuestados no se sienten cercano a ningún partido político; y sólo el 5.8%, 5.4% y 2%, correspondientes a PRI, PAN y PRD, se sienten “muy cercanos”.
A la pregunta “si hoy fueran las elecciones para elegir presidente de México”, el 27.4% votaría por el PAN, 20.2% por el PRI, y 7.8% por el PRD.
El partido porque el nunca votarían los poblanos: PRD, 35%; PRI, 23.2%; y PAN, 17.8%.
Y la pregunta sobre los 32 gobernadores y presidente de la República, que más morbo provoca.
“¿Si usted tuviera por vecino al gobernador del Estado, le confiaría las llaves de su casa?”, ocho de cada diez contesto que no.
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