Las fintas de la disputa
Si en política a la mexicana lo que cuenta son las percepciones, el encuentro de Enrique Doger anteayer con un grupo de amigos y simpatizantes de su proyecto político, amenaza con cambiar las coordenadas del reloj electoral.
La primera sorpresa de muchos fue el número de personas reunidas en torno suyo. Mario Martell quien estuvo presente en la comilona dijo por teléfono que seguras había ocho mil personas. Sus personeros hablan de 15 mil.
Aun con las triquiñuelas del acarreo a las que nos tiene acostumbrado el PRI, de todos modos se trata de un cifra nada despreciable, sobre todo tratándose de una convocatoria hecha desde el desempleo, y sin la anuencia de quien todo lo da y todo lo quita.
Doger, como buen priista y experto en los mensajes cifrados que tanto abundan en ese partido, no sólo reunió en su mesa a la mayoría de los aspirantes priistas, sino que literalmente se lució del brazo de Rafael Moreno Valle, el verdadero peligro que acecha al grupo marinista.
Pareciera como si Doger siguiera al pie de la letra un script sacado de las páginas amarillentas de los periódicos de hace seis años, cuando Mario Marín construyó la gran hazaña de su vida, y arrebato la candidatura a Moreno Valle.
Moreno Valle no se quedó con los brazos cruzados, se fue a la oposición y desde allí le arrebató al marinismo una de las piezas de mando más cotizadas: el senado de la República.
Y como en los corridos que se cantan en los pueblos, de paso también le quitó lo invicto al ex gobernador Melquiades Morales Flores, quien para entonces era una figura de culto en el Revolucionario Institucional, y tal vez por esa razón fue echado por delante para que enganchara a Mario Montero.
Ya se dice en los corrillos que si alguien podría encabezar a los disidentes tricolores, ese alguien podría ser Enrique Doger Gurrero. Aunque también hay que decirlos desde ya, no necesariamente lo haría para beneficio propio. Sino para favorecer a un tercero, aunque más bien sería una “tercera”, por eso de las vencidas.
Chayo News
Sobre la competencia por la candidatura a la presidencia municipal se dice poco.
Tal vez porque la mayoría de las personas y observadores que se ocupan de los asuntos políticos están centrados en la disputa por la candidatura a gobernador.
Tanto en el PRI como en el PAN, todo a punta a que la postulación de su respectivo candidato al ayuntamiento estará en función del perfil de quien lo sea a gobernador.
Se dice que la fórmula perfecta en el PAN es Rafael Moreno Valle a la gubernatura y la señora Ana Teresa Aranda a la alcaldía.
Incluso la señora podría ser intercambiable por Humberto Aguilar Coronado. Porque si ambos gozan de relativa simpatía entre la población, esa se encuentra en al ciudad capital.
En el Revolucionario Institucional las cosas no parecen nada fáciles, no obstante tener el mayor número de aspirantes.
En el caso de que las cosas sean como parecen ser hasta el día de hoy, y Javier López Zavala es el candidato a gobernador, Mario Montero no podría aspirar a la alcaldía.
En los cálculos de quien todo lo quita y todo lo da, la alternancia interna –la oxigenación del sistema estatal que lo ha revitalizado durante los últimos cinco sexenios- en esta ocasión estría no a través de la gubernatura, sino de la alcaldía.
Tampoco podría ser Valentín Meneses, porque entonces se estaría satisfaciendo los intereses “intramarinistas”, no los partidarios y de las corrientes del partido, las que cada vez son más notorias.
En este punto entraría sin mayor obstáculo el nombre de un personaje como Gerardo Pérez Salazar. Que ciertamente no es popular como los políticos-políticos. Pero llegada la hora esa podría ser una de sus mayores fortalezas.
A diferencia de los otros, y por su perfil, sería el único que podría enganchar a los sectores duros de la oposición. Como a los empresarios y (dependiendo del candidato) hasta a una buena parte del voto panista.
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