Joel Arriaga

Ayer se cumplieron 37 años de la muerte del maestro y líder universitario Joel Arriaga, cuyo crimen, casi cuatro décadas después, se mantiene impune, porque no obstante los diversos señalamientos que se han hecho sobre los presuntos responsables materiales e intelectuales, las diferentes autoridades sucesivas no han hecho por esclarecerlo, sino por ocultarlo.
Por lo menos es la versión de familiares y amigos, y de personas que creen en la justicia como principio imprescindible para conservar la estabilidad social y la fe en la legalidad y el gobierno. De lo contrario todo parece predestinado a que se lo lleve el carajo.
No hay futuro, ni progreso, ni concordia, ni nada de nada si previamente no resolvemos y ponemos en claro los agravios más dolorosos de nuestros ayeres más inmediatos. La disputa a balazos entre derechas e izquierdas intransigentes no ocurrió hace 500 años.
Los principales instigadores de la violencia y la sangre y los muertos, siguen allí, agazapados y envueltos en el discurso de una democracia electoral muy, pero muy sospechosa.
No puede haber unidad sin una base sólida que comience por poner los primeros peldaños, y los primeros peldaños son la reconciliación duradera, y la reconciliación duradera pasa forzadamente por el imperio de la ley. En la que no hay excepciones para nadie, sea quien sea.
No nos engañemos, el conflicto social universitario (principios de los 70) auspiciado por la ultraderecha poblana puso en riesgo no sólo la estabilidad de la entidad, sino el de la misma república, como fue consignado por la prensa nacional de entonces, y corroborado después por los estudiosos (ver artículos de Manuel Buendía).
Pero no sólo eso. Aquella inestabilidad es la madre de nuestras miserias de hoy. Que Puebla se encuentre en la cola en prácticamente todos los indicadores de bienestar social tiene que ver con la quiebra política de entonces, amén de que la justicia es vista como cosa de compraventa o al servicio de poderosos.
De lo cual no sólo son responsables los priistas (Gonzalo Bautista O’Farril era gobernador), sino en grado superlativo también lo son los panistas y muchos empresarios, los que hoy suelen presentarse como personas honorables. Allí están los nombres de Francisco Fraile y Eduardo García Suárez, por citar al azar. ¿O alguien con una pizca de honradez pública cree que García Suárez es un demócrata?
¿Quiénes confabularon contra la población aglutinada alrededor del movimiento universitario progresista y que terminó con el asesinato de líderes y con la escisión de la universidad pública?
En primer lugar los patrones que veían en las demandas sociales una amenaza a sus intereses particulares; en segundo lugar, el arzobispado, que históricamente ha actuado en contra de los anhelos de la población, como cuando sucedió la invasión norteamericana a nuestro país y soldados gringos llegaron a la ciudad de Puebla, en la primera mitad del siglo XIX; y confabuló el gobernador que tomó partido abiertamente por los intereses oligárquicos de la extrema derecha.
Porque él mismo se asumía como uno de ellos, y no como la figura del Poder Ejecutivo en la legislación local y nacional.

Chayo News

Luego de ser “mencionados” por el gobernador del estado para competir por la presidencia capitalina, Mario Montero Serrano y Gerardo Pérez Salazar han reconocido públicamente que sí buscan la candidatura del PRI para suceder a Blanca Alcalá en el puesto.
El problema no es si en el PRI están o no autorizados para ser candidatos, de hecho la legislación es generosa al respecto, pues el derecho a votar y ser votado tiene carácter universal, así que cualquiera puede inscribirse, y más aún si se hace desde la vitrina de un puesto público.
Gobernar una urbe como Puebla no es un premio de amigos, ni siquiera tiene que ver con el nombre del eventual aspirante de uno u otro partido, sino que la persona tenga primero la capacidad intelectual y la voluntad de pensar la ciudad en una perspectiva de futuro, y segundo que pueda armar un proyecto de ciudad más allá de la inercia de costumbre; y finalmente capacidad para ejecutarlo.
Eso de llegar a un puesto público a aprender, es la causa de que Puebla esté en los últimos lugares en prácticamente todo. Hasta ahora no he escuchado ni en uno ni en otro funcionario un lance como para decir, “ah caray, éste sí se merece mi voto”. Además, y por cálculo, el elegido deberá tener una buena relación con la alcaldesa, la figura más popular y querida de la ciudad.

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Posted by Ociel Mora on julio 22nd, 2009 | Filed in Sin categoría | Comment now »

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