El agandalle del voto en blanco

El nombre del señor Gabriel Hinojosa le hace daño y le resta credibilidad a la corriente de opinión que promueve el voto en blanco o nulo.

Hinojosa ha intentado de tiempo atrás montarse en los movimientos ciudadanos, pero no desde la perspectiva de la sociedad civil, sino desde los valores de su partido, Acción Nacional.

Como candidato a alcalde de la ciudad capitalina en la elección del 2007, se apropió de la frase de Marcos: “mandar obedeciendo”. La hizo suya y luego la puso de centro de su discurso.

Ahora ha patentado como movimiento propio una idea netamente ciudadana, surgida entre la gente del hartazgo hacia los partidos y los gobernantes surgidos de sus filas.

Debo decir en primera persona que al respecto yo me siento doblemente ofendido.
Primero me ofenden los partidos con esos candidatos que pusieron en mi colonia, porque ninguno llena las expectativas de mis vecinos y mías.

Pero también ofende la suposición en algunos sectores de que quien está a favor del voto en blanco como mecanismo de presión social, es porque apoya el movimiento de Gabriel Hinojosa.

Nada más falso. De entrada la característica de los movimientos ciudadanos es su condición amorfa, espontánea; sin liderazgos, caudillos y mucho menos con partidos atrás, así sean embozados.

Finalmente como dice la politóloga Denise Dresser, votar en blanco no es intentar acabar con la democracia, la representación popular, sino aumentar su calidad.

Tampoco busca dinamitar a los partidos políticos, como algunos se han apresurado a denunciar, sino mejorar su funcionamiento.

El voto en blanco se puede definir como el derecho personal a disentir del régimen político en funciones, punto.

Chayo News

En la sesión del Congreso del estado de hoy jueves, el diputado Melitón Lozano presentará una iniciativa para reconocer en ley los derechos de los habitantes originarios de lo que hoy es el estado de Puebla.

También conocidos con el nombre genérico de indios, los primeros habitantes de estas tierras, ahora refugiados en sierras y en los cinturones de miseria de las ciudades, representan el 12 por ciento de la población estatal, de acuerdo con los cálculos más conservadores y relativistas del INEGI.

Un porcentaje muy por arriba de la media nacional (7 por ciento); de esas doce personas de cada 100 en el caso de Puebla, dos no hablan español, sino la lengua materna, que es de origen mesoamericano.

Lo cual es equivalente a decir que después de 500 años de conquista, entre la población indígena no ha sido efectiva ni la castellanización que con tanto anhelo procuraron misioneros y conquistadores de horca y cuchillo.

A partir de 1992 —año del V centenario— en México se vino una ola de modificaciones constitucionales para reconocer derechos a los primeros habitantes. El levantamiento chiapaneco sirvió de aliciente.

Por razones extrañas, y no obstante que Puebla se encuentra muy por arriba de la media nacional en lo tocante a composición pluriétnica, a la fecha no se tiene una ley local que reconozca los derechos históricos y culturales de los indios.

Manuel Bartlett fue muy preciso al respecto. Durante la víspera de las elecciones federales intermedias de su gobierno, en un discurso dictado por él en el Centro Cultural Poblano y muy fresca todavía la discusión sobre qué hacer con los indios levantados en armas en el sureste del país. Fue muy enfático al respecto.

A la manera de los liberales más radicales de la segunda mitad del siglo XIX (Juárez, Lerdo, Altamirano), Bartlett dijo en aquella ocasión que reconocer derechos particulares a los indios era equivalente a abrir la puerta a la “balcanización nacional”.

A diferencia de su predecesor, ni Melquiades Morales Flores ni ahora el gobernador Mario Marín se han preocupado por el tema, más allá de los programas desarticulados de costumbre. No obstante que ambos en campaña buscaron vincularse simbólicamente con ese sector.

Finalmente hoy, un diputado que no es priista ni panista, las fracciones mayoritarias en el Congreso, presentará una iniciativa que, véasele desde donde se le vea, es uno de los temas más sentidos en el ánimo nacional.

Ahora no queda más que ver cómo reaccionan los Pizarro, hacia la media mañana de hoy.

***

Un dato que no puede pasar desapercibido es la determinación del ayuntamiento de la capital de cerrar varias guarderías que no cumplían con los requisitos de seguridad.

De haberse hecho eso que ahora se hace en Puebla no habría ocurrido la tragedia más dolorosa y deleznable del siglo: la muerte por quemaduras de casi medio centenar de niños, y una veintena que se siguen debatiendo entre la vida y la muerte.

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Posted by Ociel Mora on junio 25th, 2009 | Filed in Sin categoría | 1 Comment »


One Response to “El agandalle del voto en blanco”

  1. Martell Says:

    Saludos. “El voto en blanco se puede definir como el derecho personal a disentir del régimen político en funciones.”
    Disentir es algo abstracto sino se definen los mecanismos para disentir y los efectos de ese disenso sobre el sistema político. ¿Lo cimbran? ¿O sólo sirve como un desahogo personal? Dresser y sus seguidores se equivocan cuando le dan un valor político al resentimiento de la clase media. Porque a final de cuentas el entramado institucional se mantiene intacto.

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