Las interpretaciones de la sucesión

La suerte de la elección está echada y no hablo de la elección de diputados, sino de gobernador.
La primera literalmente no interesa a ninguno, salvo a los postulantes quienes miran en ella un resquicio para seguir trepando sobre los costados de la pirámide.
Si uno de ellos tiene sus propios intereses, pues tiene que fajarse y armar su propio juego, ligarse con los suyos, y encargarse del mantenimiento del rancho.
Nadie paga para robustecer a los otros; así es que cada quien se rasca con sus propias uñas.
La “feudalización del partido”, el retorno a sus orígenes, de caudillos y camarillas, no sólo es regional, sino que tiene sus propias aristas enfocadas en estados y municipios.
Adiós a la disciplina partidista de antaño.
Adiós a la figura del “gran tlatoani” como el fiel de la balanza.
Adiós al “tapado” como la magia que mantuvo inquebrantable la unidad del PRI por 70 años.
Hoy, todos a una se han metido a la arena y han tomado posiciones de guerra.
En Puebla lo vemos todos los días, y es un fenómeno que viene desde el gran cisma con la renuncia al partido de Moreno Valle.
Hay que decirlo desde ya: lo tupido del bosque local no deja ver los árboles nacionales, y las más de las veces nos quedamos con la versión de que todo Puebla descansa en un puño.
Para nadie es un secreto que en el discurso de que todo será decisión local, de aldea, tiene sus propios intereses que no acaban de calzar con los que dominan la escena nacional.
El PRI de los prohombres decide y trabaja en función de la gran suma de cabezas que haga el milagro de retornar a la presidencia de la república, y no de las disputas intestinas locales.
Por lo pronto el milagro pasa por el acuerdo entre los “grandes santones” (Manlio Fabio Beltrones, Peña Nieto, Gamboa, y hasta el resucitado Fidel Herrera) y la personalidad de los eventuales gobernantes y candidatos, llegada la hora.
Pero no sólo es cosa de acuerdo de cabezas; el retorno a Los Pinos precisa de cautivar a los electores, y para ello se necesita de una de las virtudes más extrañas en las filas del PRI: la credibilidad.
Aunque nadie lo dice, pero a nivel nacional cobra vigor la fuerza de las mujeres, a cuya cabeza se encuentra la propia presidenta de partido, Beatriz Paredes.
No sólo como cuadros, sino mujeres en el ejercicio de gobierno y de la confianza ciudadana.
Beatriz Paredes no es Roberto Madrazo en el imaginario popular.
Por lo pronto nadie entendía bien a bien cómo estaba articulado el proceso de diputados locales por la capital. Pero poco a poco se ha ido despejando la incógnita.
En la ciudad, el Revolucionario Institucional ganará dos distritos, y no precisamente por el esfuerzo de los comités del partido, sino por el trabajo de la alcaldía.
Un acuerdo de arriba que pasa por la recomposición del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en aras de los nuevos puestos de elección popular que estarán en juego en el 2012.
La señora Paloma Guillén, por ejemplo, no piensa quedarse toda la vida haciendo las veces de delegada nacional y quiere la nominación para el senado.
Esa nominación pasa por un largo acuerdo entre mujeres priistas, del que no es ajena la alcaldesa capitalina.

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Posted by Ociel Mora on junio 22nd, 2009 | Filed in Sin categoría | Comment now »

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