Incendiar la casa
En términos de coyuntura no se acaba de entender cuál es la intención política de ordenar un acto de violencia justo a unas semanas de celebrarse elecciones, y en un día emblemático en la conciencia nacional sobre gobiernos represores del pasado: la Matanza del Jueves de Corpus, ocurrida el 10 e junio de 1971. Hasta donde se sabe, el fin de semana estarán en Puebla Beatriz Paredes y Germán Martínez. El tema no serán las elecciones, sino la violencia.
La persecución de maestros disidentes anteayer se hizo con la presencia ostentosa de los medios de comunicación, se golpeó al reportero de Reforma, el impreso más crítico de este gobierno; se persiguió vilmente a activistas defensores de los derechos humanos, y hasta reporteros locales fueron tundidos por policías vestidos de civil, y con la chamarra de la Selección Mexicana como elemento distintivo, lo cual recuerda muy bien a Los Halcones de Luis Echeverría, que arremetieron contra estudiantes universitarios, cuando se manifestaban pacíficamente.
Amén de que todo hace pensar que los estrategas de la represión calcularon muy bien impactar en el corazón de la universidad, con lo cual el gobierno del estado provoca a uno de los sectores más críticos y reputados entre la población. Hasta ahora los universitarios se habían mantenido callados y al margen de los acontecimientos políticos. Todos sabemos que antes de tomar decisiones como la de anteayer miércoles, las autoridades primero conocen a detalle la información de inteligencia al respecto, y en caso de una eventual intervención policiaca, se mide su alcance en términos políticos, sociales y económicos.
Así es que nadie puede salir a decir que el asunto de los maestros se les salió de las manos o que la medida tiene el propósito de reponer la gobernabilidad. Porque un grupo de profesores minoritario nunca puso en riesgo la estabilidad política. Todavía más: hay evidencias sobradas que hacen suponer que en algún momento, miembros del propio gobierno se encargaron de animar la disidencia con la finalidad de contrarrestar la fuerza del SNTE y sus vínculos orgánico-electorales con el gobierno de Calderón y el PAN, y el partido de Elba Esther, Nueva Alianza. Pero algo falló y el SNTE poblano no se fracturó como era el cálculo.
A mi modo de ver, con la paliza propinada al magisterio disidente y el encarcelamiento de decenas de ellos, muchos cazados a la que hora que se retiraban en sus automóviles, se le pega al PRI de Alejandro Armenta y su esfuerzo por ganar la elección; se le pega a Javier López Zavala, el más adelantado candidato priista a gobernador, alcanza a la presidenta capitalina Blanca Alcalá y, por su puesto, a Enrique Agüera. Ahora el rector será empujado a tomar una decisión pública al respecto. Al parecer la cercanía de Agüera con el gobernador es motivo de recelo y zozobra.
Habría otras razones más para sospechar que la orden de reprimir al magisterio disidente es una determinación doméstica que puede acabar en el incendio de la casa. El movimiento magisterial se encontraba literalmente extinguido. Hasta las voces más críticas hacia el gobierno, encabezado por Mario Marín, reconocían la tolerancia mostrada hacia los movimientos opositores. Y se le comparaba con los gobiernos pasados, y en efecto la tolerancia era el signo de Mario Marín. Incluso muchos tachaban el asunto de Lydia Cacho como una mera imprudencia, tal vez por carecer de información de primera mano.
Hasta ahora Marín abriga la candidatura a senador como una manera de enmendarse moralmente a nivel nacional; después de lo de ayer, los sentimientos y los recursos de la oposición serán otros. Ya veo los spots del PAN.
Hay que decir también en este punto que una de las mayores fortalezas de Javier López Zavala como político, es su capacidad de conciliación y tolerancia. Se le vio en la Secretaría de Gobernación. En aquella etapa no hubo un solo acontecimiento de violencia infringida desde el estado en contra de nadie. Incluso la muy buena relación de Zavala con todos los grupos políticos y movimientos sociales fue motivo hasta de chistes candorosos. Todos acordaban con Zavala y nada se hacía si no era con el previo acuerdo del titula de Gobernación.
Hasta los periodistas sabemos que el recurso de la violencia es el patrimonio supremo del estado. Su fuerza descansa en esa prerrogativa que posee en exclusivo. Pero también es cierto que la violencia es el último recurso. La violencia aparece sólo y únicamente cuando falla la capacidad política de quienes tienen la responsabilidad de hacerlo. En este caso concreto podemos afirmar que el señor Mario Montero Serrano careció de la virtud de hacer política. No estuvo a la altura de las circunstancias del momento. Cuando los golpes y las armas salen a relucir es que se ha retornado a los orígenes más primitivos de la especie humana. Al estado de naturaleza como definieron los creadores del estado moderno.
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