El honor del fusil

De lo que se trata es de ganar votos y movilizar al electorado propio y, si es posible, que se abstengan los otros. Los partidos se mueven cada vez más en función de los sondeos de opinión, estadísticas, encuestas y otros datos sociológicos.

El ritual se repite cíclicamente, con las mismas pautas y sin que cambien los protagonistas, los partidos y los ciudadanos que votan. Se sabe que lo que se dice no tiene mucho valor, ¡las promesas electorales están para no cumplirlas!

El fin justifica los medios, ¡ganar votos!, y los programas políticos no son importantes, sino el impacto del mensaje y la capacidad de comunicar y hacer propaganda.

No importa que lo que se diga sea falso, distorsionado o vacío de contenido. Lo que hay que lograr es que los votantes-espectadores reaccionen y voten en función de una publicidad exitosa.

La política se llena de retórica vacía, el marketing es lo más importante y los ataques al otro suplen la carencia de contenidos. ¿Cuáles son las diferencias fundamentales entre los partidos? ¿Cuál es el programa y las leyes por las que luchan?

Nadie lo sabe. Lo importante es hablar, no quedarse callado, y descalificar al adversario, aunque se haga lo mismo que se critica en el otro. Se puede aplicar a los políticos lo de aquel predicador: el pensamiento me falta algunas veces, pero la palabra nunca. Hablar y no decir nada sustancial es hoy la marca del buen político.

Por eso, cada vez abundan más personajes políticos insustanciales, mediocridades que progresan por la fidelidad al jefe e ineptos que ocupan los cargos y que son nombrados “a dedo”.

Las personalidades críticas, con contenidos propios e independientes dan miedo en los partidos.

A esto se añade la desmemoria colectiva. ¿Quién se acuerda hoy de los compromisos que asumieron los partidos en las últimas elecciones? ¿Quién evalúa a los partidos en función de su grado de cumplimiento de las promesas pasadas?

En realidad, no interesan. Parece como si el debate sobre el estado de la nación prosiguiera todavía a través de las disputas, ataques y contraataques en los medios de comunicación.

La democracia es “el poder del pueblo”, el sistema menos malo de contrato social, la forma más racional de ejercer el poder. El problema está en la partidocracia en la que los políticos se alejan del pueblo, reducido a mero elector puntual cada varios años.

Los partidos pelean por el poder que ponen luego al servicio de sus intereses personales y colectivos. La vieja pregunta sobre quién controla a quién se radicaliza hoy porque Montesquieu ha muerto.

Ni hay un parlamento soberano que elabore leyes en función de los intereses nacionales aunque disgusten al gobierno y a los jefes de los partidos; ni hay instancias judiciales que decidan independientemente de quienes les han elegido; ni medios de comunicación críticos con todas las instancias políticas, porque no dependen de ellas.

La crisis de la democracia es que ha perdido contenido real aunque exista formalmente. El resultado es el desencanto; el crecimiento de la abstención; cada vez más ciudadanos que no se sienten representados por nadie; la creciente distancia entre el pueblo y la clase política; la impotencia ante la corrupción, etcétera.

Hay que reformar, e incluso refundar, el sistema capitalista y la economía mundial, pero hay que superar también la partidocracia para que deje lugar a la democracia.

Pues bien: llegó la hora de confesar la verdad, este artículo no es de mi autoría intelectual sino de un ensayista español, Juan A. Estrada (Europasur.com), escrito no sobre las elecciones mexicanas, no obstante el brutal parecido, sino sobre las elecciones para renovar la Eurocámara, integrada por 736 parlamentarios representantes de los 27 países que integran la Unión Europea.

Como puede verse, el deterioro electoral y la decadencia del sistema de partidos no es un fenómeno privativo de México, sino mundial. No hay escapatoria, en el horizonte no parece haber más que el suicidio colectivo o la construcción de un nuevo orden de vida en comunidad. Gracias don Juan.

Chayo News

Un amigo universitario que tiene el grado académico más alto en la UAP y el nivel tres en Conacyt me cuenta que él mandará hacer un sello del tamaño de un boleta, y con el acudirá a la urna el próximo 5 de julio, no me dijo que dirá el sello, pero lo intuyo.

He aquí otra forma novedosa de protestar contra la partidocracia. El escritor Federico Reyes Heroles que no necesita presentación, recomienda que el día 6 de julio todos los inconformes con los partidos organicen una “marcha contra el hartazgo”.

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Posted by Ociel Mora on junio 5th, 2009 | Filed in Sin categoría | Comment now »

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