En la buenísima onda
Cuando Alejandro Armenta se convirtió en el candidato seguro para la designación de presidente estatal del Revolucionario Institucional, por su perfil y edad, muchos supusimos que con su arribo, el PRI saldría de la modorra premoderna; desde ahí se le prepararía como el partido del futuro, de las grandes reformas, para enfrentar exitosamente la elección de gobernador y, acto seguido, sacar a Puebla del rezago.
Pensábamos entonces en el PAN como un partido conservador y timorato; comprometido no con el futuro de Puebla, sino con el pasado; toda proporción guardada, como en la disputa entre liberales y conservadores de la segunda mitad del siglo XIX. Los primeros defendiendo los valores de la Ilustración y la declaración de los Derechos del Hombre; los otros, la herencia de la Colonia y el Imperio, y la religión católica.
Alejandro Armenta mismo suele presentarse como un priista de la nueva guardia, curtido en la cerrada competencia electoral, y hasta se le notaban ciertos atisbos de crítico del pasado complaciente de su partido, ése que desembocó en el hartazgo del 2000. Pero también suponíamos cambios en el tricolor, urgidos por la pirámide electoral, compuesta en su mayoría por jóvenes y por una ciudadanía cada vez más exigente.
El sector de la población a quienes el viejo discurso trasnochado de los valores patrios ya no les comunica nada, salvo fastidio —amén de que el país y la entidad viven sumidos en una crisis permanente, por culpa de un régimen de gobierno diseñado para una población y un entorno mundial de hace 50 años—, todo esto en el contexto de un gobierno cuyos resultados no acaban ser aquilatados por la población.
A eso súmese que el PRI ha dejado de ser un partido nacional para convertirse en una franquicia en manos del gobernador en turno. Con Armenta y Zavala —uno de gobernador, el otro de secretario de Gobernación—, Puebla remontaría todas las iniquidades sociales que tanto lastiman y avergüenzan.
Pero no. Hoy vemos hasta con cierta preocupación a un presidente de partido extraviado, defendiendo en los tribunales a un futbolista, cuyas razones a ciencia cierta nadie acaba de entender como para hacerlo con tanto ahínco. O cogido de la mano con no sé que agrupación confesional.
Ambos actos no abonan ni a su partido ni a la población en general, y sí degradan el debate político, la institucionalidad, y hasta contravienen principios supremos de la Constitución, como la supremacía del Estado laico. El triunfo más grande del liberalismo sobre los conservadores, y para los especialistas, la verdadera independencia de México.
Como si los valores de la República descansaran sobre personajes fantoches y de la farándula. En tanto los panistas —el enemigo a vencer—, colocan en el debate público temas irrefutables, como el combate a la inseguridad y la promesa de cero tolerancia a la impunidad de funcionarios públicos y policías coludidos con el narcotráfico y el crimen organizado.
Entiendo que es la guerra. Las guerras en general las gana el estratega más arriesgado y astuto. Tal vez la astucia de Armenta sea reforzar el voto duro de su propio partido. Con la salvedad de que hoy por hoy las elecciones no se ganan con el voto leal, sino rompiendo el cerco robusto de los indecisos.
El ejemplo más cercano es el de Blanca Alcalá, quien luego de hallarse 24 puntos abajo, ganó la alcaldía con más de veinte puntos de diferencia; no sólo por los votos de su partido, sino porque logró cautivar los segmentos indecisos, indiferentes y hasta a muchos militantes panistas.
Jesús Reyes Heroles, quien no es un autor de mi gracia pero que reconozco en su persona al presidente más lúcido que ha tenido el PRI, sostiene la teoría de que el liberalismo como inspiración y acción del Estado mexicano, se mantiene vigente incluso en el periodo marcadamente revolucionario.
Alejandro Armenta sabe del alcance que tuvo la obra de Reyes Heroles para la etapa más productiva de la República de la segunda mitad del siglo pasado; que se sepa, nunca fincó —ni como secretario del partido, de Gobernación o ideólogo—, sus decisiones en los suburbios de la charlatanería, sino en lo más granado de la cultura y el entendimiento humano.
Los problemas públicos, los del común, los de la “res publica”, se resuelven con reformas.
Escribo este artículo en un tono que se sale del común de todos los días, porque me parece que Armenta es de los pocos políticos que ven hacia delante o que por lo menos entiende las razones del crítico, de otro modo no lo habría hecho. Vale.
Chayo news
Finalmente se sabe algo de Óscar Aguilar González, el aguerrido candidato, pues según las féminas escritoras que ayer se reunieron a almorzar con un aspirante por la ciudad, en el evento se repartieron pulseritas con el nombre del candidato a diputado por Zacapoaxtla. Se sabe que Aguilar González contrató los servicios de la experta en relaciones públicas, Lucero Carrera, y ya se ven los primeros resultados.
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