IVA: la falsa discordia
Estefan es un tipo chistoso. Cuando su partido –el PRI– hace de la canasta básica el eje de la campaña electoral de los candidatos a diputados federales, él sale a cubierta y en abierto desafío se pronuncia por gravar con IVA a medicinas y alimentos. No lo hace en su condición de ciudadano común y corriente, sino de priista encumbrado y presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados. Lo hace además cuando el PRI, va en picada, y justo en el momento cuando los personeros de Felipe Calderón hacen campaña a favor de los candidatos panistas en Puebla. Pero ya se sabe que en eso de los chantajes y los cobros, Charbel es campeón. Sabe que su profanación priista es una indulgencia cara, que a partir de septiembre próximo podrá hacer efectiva en la ventanilla de puestos de la burocracia dorada del gobierno federal.
Lo paradójico de todo es que en parte y por primera vez en su vida, Charbel tiene razón cuando urge a recaudar más dinero de los contribuyentes. Ante la severidad de la crisis económica, ante el desplome de los precios del petróleo, ante la caída de los ingresos del turismo, y hasta de remesas del paisanaje, para sobrevivir el gobierno no tiene más alternativa que recurrir a la reiterada fórmula de toda la historia de México como nación: cobrar más y subir el costo de los impuestos. Más todavía: en cualquier parte del mundo, la fortaleza de una nación esta en función de su capacidad recaudadora. Las invasiones y las guerras civiles que asolaron a México durante todo el siglo XIX, tuvieron como origen la debilidad financiera del estado nacional, por eso el recién estado le debía dinero hasta a la iglesia católica.
Charbel tiene razón cuando abiertamente se pronuncia por cobrar IVA en alimentos y medicinas. Además no es una propuesta nueva, es un tema que viene desde Zedillo, pasando por Fox. Incluso el último presidente priista, lo retomó hace un par de semanas, y recordó que aunque es una medida antipopular y ahuyentavotos, hoy por hoy es una imprescindible. Pero mucho me temo que Charbel no habla en función de salvar al estado nacional como la organización política y moral superior de los mexicanos, no. Charbel piensa como burócrata que para hacer redituable el puesto, precisa de una chequera abultada. De no ser así, ¿para que meterse a la política? Como dijo aquel ilustre empresario, “al PRI se entra para sacar dinero, no para meterle”. O aquel memorioso que sentenció que “un político pobre es un pobre político”; o aquella de que “la ley estorba para gobernar”.
Pero cobrar más como lo quiere Zedillo, Charbl y el propio presidente Calderón –aunque hasta ahora no lo haya dicho por razones harto entendibles– es a penas balbucear la solución. Una auténtica reforma fiscal tiene que partir: 1.- del reconocimiento de la brutal desigualdad social de México, que lo hace el país más injusto de toda la América Latina. No es una herencia del priismo sino de tres siglos de Colonia. En su Ensayo Político Sobre el Reino de la Nueva España en los años tiernos del siglo antepasado, Humboldt anotó (1803) “México es el país de la desigualdad. Acaso en ninguna parte la hay más espantosa en la distribución de fortunas, civilización, cultivo, de la tierra y población”.
La desigualdad tan está en los genes mexicanos que se encuentra en todos los órdenes, al punto que hasta los cárteles de la droga están exigiendo al gobierno de Calderón persecución en igualdad de circunstancias. Es el fondo de las mantas colgadas en varias partes del país. Incluso en un acto insólito, y como prueba de su buena voluntad de cooperar con el gobierno en el castigo de criminales de “excepción”, un grupo criminal ha ofrecido recompensas multimillonarias a quienes ayuden a descubrir el paradero de los responsables de las granadas lanzadas en septiembre en Morelia.
2. Si tuviéramos de veras un Congreso con diputado con altura de miras y honrados, en este momento no estarían hablando de una reforma fiscal sólo en términos tributarios -es decir de subir y cobrar más impuestos-, sino empatar ingreso y gasto público. El asunto no es cobrar, sino cómo las burocracias gastan el dinero que pagamos todos de nuestro bolsillo, o lo cogen de la riqueza nacional. ¿Cuántos puntos del PIB cuesta la corrupción nacional? ¿Cuántos puntos más de ese PIB se van por el caño por la supina ineficiencia de nuestros ilustres funcionarios? Pero nuestros legisladores no han logrado siquiera eliminar la dependencia fiscal de los ingresos petroleros, ¿O si? Aquí lo hemos preguntado ya, ¿en Puebla qué obras se hicieron con la riqueza petrolera de los últimos cuatro años?
Chayo News
Claro que tiene todo el tufillo electorero al que nos tenía acostumbrado el priismo; y es que entre los alcaldes detenidos en Michoacán ayer, ¡seis!, son del PRI, dos del PAN y dos más del PRD. Además de buena parte del gabinete del gobernador Godoy. Que no le anticiparon al gobernador Godoy de las detenciones, de haberlo hecho se habrían pelado.
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