La hora de Zavala

Javier López Zavala ha hecho de la política a ras de suelo un apostolado. Es un principio tan cierto en la persona encargada de dirigir la política social en la entidad que hasta sus enemigos más acérrimos se lo reconocen.

Pareciera que sigue al pie de la letra la máxima de Bismarck: “la política es el arte de lo posible”. Pero más que eso, es la capacidad particular del político para descifrar el muro de las incapacidades de los de casa, y en la de enfrente.

Mientras sus compañeros de gabinete son mencionados haciendo negocios al amparo de su condición de poder, López Zavala se pierde en los rincones más inhóspitos de la Puebla profunda, en su afán de construir relaciones de tú a tú, con todos.

Decir todos, son todos. Por eso hasta las oposiciones más rabiosas hacen cola en su oficina. Para no hablar de los grupos y facciones rijosos de su partido, el Revolucionario Institucional. Todos, son todos.

Hay que decirlo desde ya, porque es una de sus mayores fortalezas en este mundo político minado por la impunidad galopante. López Zavala puede ser acusado de muchas cosas, menos de corrupto.

Mientras otros con menor rango y tiempo en los primeros niveles, literalmente se regodean viviendo en palacetes y helipuertos, en zonas con la categoría de muy exclusivas, nuestro personaje fue timado por unas vivales cuando compró una casa en un fraccionamiento clasemediero de los años 80.

Si hay que hacer pactos con el diablo para recuperar la confianza de un grupo de campesinos, quienes de manera sistemática han sido engañados con toda clase de promesas de políticos, López Zavala los hace gustoso. Acto seguido (aquí la magia) se encarga de su consecución y demuestra que su caso no es el de los otros.

Nos guste o no a los críticos de la política social, con López Zavala los índices de pobreza se redujeron 2 puntos porcentuales. En efecto, son procesos por acumulación, y en los que intervienen muchos factores. Pero el dato fue anunciado el mes pasado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, Coneval, con López Zavala como titular.

Por algo López Zavala es el miembro más aventajado de la camada marinista. Es de los poquísimos miembros del gabinete de Mario Marín que ha ganado una elección en las urnas, y ese acto cuenta, y cuenta bien, a la hora de los balances de los grupos políticos.

Alguien dirá que también Mario Montero Serrano ha sido diputado local. Sí, en efecto, sólo que el mandato popular no lo obtuvo de los supremos electores, sino de los arreglos cupulares entre partidos.

En términos de legitimidad ciudadana, existe una gran distancia entre ser diputado por el principio de mayoría y serlo por el de mayoría relativa. Al punto que hay un proyecto en curso para desparecer a los segundos.

Si la política es llanamente el arte de la conciliación, López Zavala cabalga en caballo de hacienda. Si la política es el medio que conduce con satanás, López Zavala se mantiene enhiesto.

Pero en términos llanos la política no es el reino de los cielos y en ella no caben los absolutos ni las ingenuidades. López Zavala no irá a ninguna parte segura con ese equipo de trabajo que lo acompaña hasta ahora (salvedades aparte, que también las hay).

Con José Luis Márquez y René Lechuga tal vez se pueda mantener en pie una secretaría, pero no gobernar un estado y menos sacarlo del pozo del atraso. Una de las críticas más severas a nuestro personaje, incluso entre sus más leales, es su equipo.

Si alguien me pregunta cuál es la diferencia entre un López Zavala y un Moreno Valle, no dudaría en decir que el concepto de cada cual sobre la administración pública.

Mientras que para el senador de la república se trataría de un asunto eminentemente técnico, gerencial si se quiere; para el titular de la SDS, tendría un carácter cultural y voluntarioso.

Entonces, “¿quién debe gobernar?”, se preguntaba contundente Platón, y en el acto ofrecía su propia contestación: “los filósofos”, “los sabios”. Una respuesta tan cierta como engañosa y perversa.

Para no ir más lejos y fustigar en una nota de periódico. El estilo de gobernar de un político-ilustrado y de un político-político, lo hemos padecido en carne propia los poblanos.

Doger ganó la presidencia envuelto en ese halo construido al amparo del presupuesto universitario. Al cabo, su gobierno en el ayuntamiento resultó tan mediocre como el de quienes lo precedieron en el puesto.

Pero todavía habría un tema más: por las razones que sean (y tal vez una de ellas tenga que ver con ese sexto sentido que hace a los políticos), López Zavala se ha rehusado, una y otra vez, a poner casa aparte.

Un distintivo que cada vez se hace más imprescindible para los de afuera, para los que no son del PRI, e incluso para los que en este momento andan en busca de opciones políticas.

La mayor fortaleza de López Zavala es, a su vez, su mayor debilidad. He aquí el gran dilema del político.

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Posted by admin on mayo 6th, 2009 | Filed in Política | Comment now »

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