El tañido de pitos

¿Hay un funcionario, un grupo de ellos, un gobierno en particular, a quien podamos culpar por la repentina aparición del virus de influenza de origen porcino (A/H1N1) en nuestro país, que ya cobró la vida de por lo menos 20 personas confirmadas en distintos estados de la república y tiene a varios cientos tendidos en hospitales?

Decir que la emergencia sanitaria que padece el país se debe a no sé qué género de omisiones gubernamentales, es un acto de irresponsabilidad mayúsculo de sus pregoneros, cuando de por medio está en riesgo la vida de muchos. Es tanto como culpar al presidente municipal de San Nicolás de los Ranchos o al gobierno poblano, de una eventual erupción del Popocatépetl.

Que se sepa, por ejemplo, nadie culpó al gobernador Melquiades Morales Flores de las lluvias torrenciales que causaron la muerte de un número indefinido de personas en la Sierra Norte hacia el arranque de su administración, no obstante que en aquel caso hubo autoridades especificas que permitieron la instalación de viviendas en zonas de alto riesgo.

Por eso llama la atención que una persona con el prestigio y la experiencia en el servicio público (o tal vez por eso) como el senador Pedro Joaquín Coldwell, haya afirmado que las acciones del gobierno encabezado por Felipe Calderón son necesarias para cuidar la salud pública, pero que se perciben tardías y que en el caso de la influenza porcina hubo ocultamiento de información y una actuación fuera de tiempo.

También que el foco de infección brotó en el corazón de la ciudad de México por negligencia de sus autoridades locales, y que la vida de los capitalinos se expone debido a que, en un primer momento, Marcelo Ebrard tomó decisiones al margen de las dictadas por el presidente Calderón y su gabinete. Ambas versiones son, por decir lo menos, aviesas y con ganas de sacar provecho del dolor ajeno.

Tampoco ha faltado la explicación que hace de la emergencia sanitaria mexicana una conspiración internacional; y para sembrar pánico se hace acompañar con el “tañido de pitos” de que se ocultan los datos reales del número de muertos. No solamente de los que llegan enfermos a los hospitales, sino de médicos y paramédicos encargados de su atención.

La única acusación fundada que podría hacerse al gobierno federal o de alguna entidad en particular sería por desidia en la puesta en práctica de programas y en su seguimiento. Pero hasta ahora ninguno de los organismos internacionales de salud que monitorean la evolución mexicana ha hecho ninguna observación al respecto, ni a uno ni a otros gobiernos.

No obstante que entidades como el Estado de México, con una alta incidencia de casos reportados, la dependencia del ramo hasta ayer ni siquiera contaba con titular. Lo cual podría tornarse en una irresponsabilidad grave del Poder Ejecutivo de aquella entidad. Pero hasta ahora nadie ha solicitado sacrificar “el rostro” de las televisoras.

La domesticación de la epidemia no depende del tamaño de las intrigas urdidas a su alrededor, sino del nivel de responsabilidad con la que actúen todos los sectores, en consonancia con las recomendaciones de la comunidad epidemiológica y científica, y de que nosotros asumamos nuestro propio rol.

En el entendido de que la emergencia de salud pública no pasará como pasan los huracanes, en cosa de unos cuantos días, sino que el virus de origen porcino se quedará a vivir entre nosotros, hasta que revueltos con él terminemos inmunizándonos.

El problema, señores, no es la influenza, sino la agudización de la crisis económica que de por sí ya traíamos acuestas.

Chayo News
Nobleza obliga: Javier López Zavala contrajo un compromiso de palabra con los indígenas popolocas de Los Reyes Metzontla, allá en las estribaciones de la Mixteca oaxaqueña. En la que estos indígenas arraigados a la pobreza fatal sobreviven del bruñido de sus manos, cuyo arte les valió años atrás el premio nacional en el género de artes y tradiciones populares.

El pasado 22 el gobernador Marín dio el banderazo de salida a la construcción de su carretera; que kilómetros adelante de Zapotitlán Salinas, entronca con el camino viejo que corre de Tehuacán a Huajuapan de León.

Los Reyes son unas cuantas casas distribuidas caprichosamente a la vera de lo que aparenta ser un riachuelo seco. En un punto hay una vistosa construcción de mampostería; es la iglesia del pueblo. Dividida por unos árboles frondosos, está la presidencia auxiliar, techada con teja colorada y pretiles a la altura para sentar al paseante.

En la esquina izquierda, el gobierno comunitario ordenó que se dispusiera una cosa que se llama Rincones de Lectura, en el que he encontrado libros maravillosos. Por ejemplo, la Historia de la belleza de Humberto Eco; y su contraparte, la Historia de la fealdad.

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Posted by Ociel Mora on abril 29th, 2009 | Filed in Opinion | Comment now »

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