En el desamparo

¿Cuáles son las medidas específicas que tienen en práctica los servicios de salud del estado para prevenir una infección masiva del virus de influenza de origen porcino, que puede causar la muerte de un número indeterminado de personas?

Cuando el tema de México está en prácticamente todas las noticias de primera plana de los periódicos más importantes del mundo y los funcionarios de sanidad de los organismos internacionales se reúnen de emergencia por el brote mexicano, aquí nadie se turba.

Se ignora si Puebla cuenta con alguna medida en particular de prevención, que no sea la presencia obligada de los funcionarios del ramo ante los medios de comunicación y sus previsibles declaraciones de costumbre, sobre que en Puebla no pasa nada, por alguna iluminación divina inconfesable.

Mientras el presidente Felipe Calderón prácticamente todos los días dirige mensajes a la población, en la que invita a mantener la calma y a atender las recomendaciones sanitarias emitidas por su gobierno, el gobernador Marín no ha tocado el tema.

“Estamos ante una pandemia potencial, una situación muy grave, cuya evolución es impredecible”, declaró ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los brotes de influenza porcina registrados en México y Estados Unidos.

Ojo: una cosa es informar y otra alarmar. Los servicios de salud en el estado ni siquiera han logrado comunicar a la población de las ciudades grandes el riesgo potencial que significa no atender las medidas de higiene anunciadas por el gobierno federal.

Para el caso nuestro, no deja de llamar la atención la ausencia de los comentarios autorizados de los expertos de los centros e investigación universitaria.

Los que de tiempo completo están metidos en el laboratorio, los que figuran en el padrón de excelencia del Conacyt, sobre un tema delicado y del que en términos científicos no se conoce nada, y para el cual los únicos capacitados para hablar son ellos.

Pero tampoco nos dejemos engañar; por eso es imprescindible el comentario de los expertos. Para la influenza de origen porcino, la gripa que ha matado a 20 personas, de un total de 81 muertes en general, no hay vacuna, ni en el sector salud ni en el mercado porque se trata de una patología desconocida.

El tema se debate en esos términos, no sólo en México sino también en Estados Unidos, en la Organización de las Naciones Unidas (ONU); la Organización Mundial de la Salud (OMS); la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y en aquellos países con registro de enfermos.

Paradójicamente en la página de la Secretaría de Salud del estado se ha colgado un boletín en el que se afirma que la dependencia “continúa con el programa de vacunación gratuita contra la influenza en niños menos de cinco años y ancianos”.

Pero en ningún momento se aclara que esa vacuna no sirve para curar la enfermedad producida por el virus de influenza de origen porcino. La información está provocando la automedicación y negocio de farmacéuticos.

Veamos al azar un par de huecos de irresponsabilidad de los servicios sanitarios del estado. El sábado hubo no sé qué clase de promociones en un afamado centro departamental de por el rumbo de Angelópolis; en aquella tienda, hacia la tarde, literalmente no se podía cruzar por ninguna de las puertas, por la cantidad de gente amotinada.

No obstante la gravedad del asunto presentado, los servicios de salud preventiva brillaron por su ausencia.
Para los puntos de venta de comida a cielo abierto tampoco se han tomado medidas, los dependientes de puestos y carritos, los siguen preparando y manipulando con el mismo descuido de siempre.

Hasta ahora México y Estados Unidos son los países más afectados por la gripa de marranos. Sin embargo, los especialistas no saben por qué en aquel país los afectados se recuperan más rápido que los afectados en México.

En tanto que la influenza que afecta a los mexicanos ha resultado más mortífera que la estadunidense, la población afectada tampoco cuadra entre un país y otro.

Allá los afectados va de menores a viejos; en México los muertos eran de entre 20 y 40 años de edad.
En general las pandemias matan a niños y ancianos, en su mayoría de sectores vulnerables; el dato preocupante de la influenza procedente de los marranos es que está matando a jóvenes en buenas condiciones de salud.

En las pandemias en general la tasa de mortalidad corresponde al 1 por ciento de los infectados. En México, en este momento, la relación es de 8 por ciento. Un dato alarmante en sí mismo.

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Posted by Ociel Mora on abril 27th, 2009 | Filed in Opinion | Comment now »

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