La retirada
Primero se nos dijo que Puebla iba por la refinería; que literalmente tenía todo para convertirse en la sede de la inversión millonaria del sexenio panista. Incluso se habló de los sitios en los que eventualmente se levantaría el emporio industrial.
Desde el púlpito se solicitó que se apoyara al gobernador Marín en su difícil travesía por las primeras ligas. No fue una, fueron varias voces las que imploraron a su favor. Retengo las de Valentín Meneses y Alberto Amador.
El primero lo hizo en su condición de orador oficial de no sé qué ceremonia patria; el segundo, como coordinador federal de los diputados priistas en el Congreso de la Unión, y porque ha estado involucrado en el tema desde que comenzaron las exploraciones de Pemex en la Sierra Norte.
Pero ahora se nos ha dicho que siempre no, que la pasarela de gobernadores es una pérdida de tiempo y que, finalmente, el gobierno poblano no tiene dinero para invertir en un proyecto que le permitiría participar en la pelea por quedarse con el megaproyecto.
Cuando el presidente Calderón abrió la baraja a nuevas entidades para ubicar la refinería con el pretexto de transparentar el proceso, muchos supusimos que aquella era una estratagema electoral para ganar tiempo, y eventualmente amortiguar el impacto de una decisión que es absolutamente de competencia federal.
Pero al parecer no todo está perdido. Alberto Amador aprovechó el lance presidencial del 18 de marzo en la Sierra Norte, para meter a Venustiano Carranza como la otra opción. No es una idea aventurada la suya. Tiene por lo menos dos razones técnicas de peso.
Hoy por hoy, la reservas petroleras probadas más importantes de México se encuentran en el corredor de la Sierra Norte, que incluye a los estados de Puebla y Veracruz.
De acuerdo con los estudios elaborados por Pemex sobre los diferentes costos de inversión para la instalación de la nueva refinería, se encontró que de nueve sitios (en los que no aparece Puebla), el más económico es el de Tuxpan, Veracruz, cuya inversión es de apenas 637 millones de dólares, frente a Cadereyta, Nuevo León, el más caro, que requiere de 2 mil 637 millones de dólares.
Pero Tuxpan no puede ser la sede de la inversión multimillonaria por razones políticas, no técnicas. Se dice que prácticamente toda la tierra de aquel puerto está en manos privadas monopólicas o en manos de Roberto Hernández —el hombre que no paga impuestos por sus amistades con presidentes de la república—, o Carlos Slim.
Justo en este punto entra la apuesta de Alberto Amador. Si Tuxpan tiene conflictos de interés, en Venustiano Carranza, a menos de 40 kilómetros, las condiciones son inmejorables para la nueva planta de refinación de gasolina.
Pero mientras es lo uno o lo otro, Puebla parece llamar a retirada sin siquiera escuchar el fragor de la batalla. Estefan Charbel ha dicho que la única esperanza es que sea de rebote.
Chayo News
Solo o en compañía, pero acérquese al museo Amparo, uno de los recintos culturales más importantes del país por las colecciones de arte prehispánico que resguarda en sus salas, y por las exposiciones temporales que suele ofrecer al público; con montajes cuidadosos que sólo se ven en los mejores museos del mundo.
Justo por estos días está por concluir la exposición de Yhisai Jusidman. Uno de los artistas jóvenes mexicanos que más prometen en el orbe del arte conceptual. Los más recelosos críticos de arte se han ocupado de su obra. Teresa del Conde ha dicho: “variados matices sutiles de comportamiento hacen que el espectador se involucre en serio con lo que es la buena pintura de todos los tiempos, aquí retomada y tomada excelentemente por Yisahi Jusidman”.
Osvaldo Sánchez escribió que “Jusidman es uno de los pocos artistas conceptuales mexicanos que trabaja la pintura. Su exploración innovadora de la tradición pictórica convencional se resume en un conjunto coherente, de diferentes series o ciclos sucesivos. Así trata del ilusionismo cuando pinta payasos, geishas, luchadores de sumo o enfermos mentales”.
Pero no haga caso de los comentarios de los especialistas, siempre impenetrables para el sentido común, y vea usted mismo la obra y saque sus propias conclusiones; y no le tema a la provocación intelectual de la pintura.
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