El informe de los panistas

Muy enternecedora fue la imagen de ayer en la que se mira al grupo parlamentario del PAN casi cogidos de la mano, al cabo de rendir su primer informe de labores como representantes populares; en cuyo evento tuvieron como invitados especiales a dos “ilustres” compañeros suyos: los priistas-panistas Pablo Fernández del Campo y Othón Bailleres Carriles. Llama la atención que para concluir aquella ceremonia no se haya cantado un “Tedeum” (a ti Dios), como en esa clase de circunstancias manda hacer el boato.

Pero la pieza central, sin lugar a dudas, fue la presencia del padre Eugenio Lira Rugarcía, quien hace las veces de vocero de la arquidiócesis, y al parecer estuvo en el Teatro de la Ciudad con la representación oficial de quien tiene la mayor influencia “espiritual” en las personas, y ahora al parecer también en los cuerpos de las mujeres. Como en efecto, la iglesia católica ya los tuvo durante toda la Colonia y hasta bien entrado el México independiente, hasta que estalló la guerra de Reforma, a mediados del siglo XIX.

Los diputados panistas aprovecharon el foro para pregonar a los cuatro vientos lo que consideran su mayor logro como representantes populares en un Estado laico: la aprobación de la ya famosa “ley de la familia”. El dato llama la atención sobre manera. No por la presencia notoria de los priistas-panistas y del clero, sino porque poco a poco se empieza a conocer el verdadero origen de la iniciativa, ahora hecha ley.

Todo parece ser como desde un principio lo dejamos entrever en esta columnita: los verdaderos autores y promotores de legislar en contra del derecho de las mujeres a decidir sobre el número de hijos (como ocurre en la mayoría de los países democráticos del mundo y en la ciudad de México), no fue idea del PRI, sino del PAN. Con la salvedad de que el primero hizo de “cabús” de los intereses inconfesables de los segundos.

Palabras más, palabras menos: los panistas se unieron la tarde-noche del lunes en el zócalo de la ciudad capitalina para decir, a una voz, “el mérito de que se haya aprobado la ley de la familia es nuestro”. Para sellar su dicho tuvieron como testigos de honor a quienes en el Congreso, sin chistar, hicieron de testaferros.

No sería ésta la primera vez en que la iglesia católica interfiriera en los asuntos de orden público en territorio poblano. Sólo por citar un par de datos. A mediados del 1850 el cura de Zacapoaxtla, al grito de “religión y fueros”, se levantó en armas y le declaró la guerra al presidente de la república, Ignacio Comonfort y al Congreso federal, los que se disponían a promulgar una ley en la que se reconocía la libertad de cultos.

En 1911, cuando el triunfo de Madero sobre Porfirio Díaz era inminente, la iglesia católica vio en los principios que enarbolaba la Revolución un serio peligro para la integridad de sus intereses. Con Porfirio Díaz tuvieron literalmente todo, porque el viejo dictador había claudicado de los principios de las leyes de Reforma y de los principios liberales.

Temeroso de perder las canonjías al margen de la ley, el arzobispo de la ciudad de México, José Mora del Río, en mayo de aquel año, anunció la creación del Partido Católico Nacional, que se proponía expresamente la restauración de la libertad religiosa (entiéndase la religión católica como ley suprema) y derechos políticos plenos para los católicos, que no era otra cosa que el derecho de los curas a participar en los asuntos de la política.

No nos engañemos. El Partido Católico Nacional fue creador de manera expresa no sólo para gestionar derechos, sino para restaurar las leyes anteriores a las de Reforma, una aspiración de los curas que no lograron conseguir ni con el mismísimo Maximiliano, pues el emperador lo primero que hizo al llegar a tierras mexicanas fue implementar una política moderna, y lo moderno entonces, era la libertad de cultos. Hoy sabemos que la esencia del Estado descansa en la separación de la fe de los asuntos públicos.

No nos engañemos de nuevo. El PAN está haciendo las veces del viejo Partido Católico Nacional. No se requiere de un doctorado en historia, basta con echarle un vistazo a Wikipedia para entender que lo que quieren es establecer un estado confesional en el que la religión católica sea elevada a la categoría de religión oficial en la Constitución.

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Posted by admin on marzo 25th, 2009 | Filed in Política | Comment now »

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