Puebla a la cabeza
Que ahora sí Puebla es un estado de avanzada, ha dictaminado el secretario de Gobernación, don Mario Montero Serrano, luego de que el fin de semana y a hurtadillas de la población, el Congreso del estado hiciera modificaciones a la Constitución política, e incorporara en sus páginas el capítulo de la familia.
¡A quién podría importarle que los conceptos ahora elevados a la categoría de mandato constitucional, hayan sido sacados textualmente de una encíclica emitida por el Estado Vaticano, hace más de un cuarto de siglo, y firmada todavía por el pontífice Juan Pablo II! Como fue reconocido por el diputado ponente desde el pleno del Congreso.
Con lo cual se socavan poco más de 150 años en el proceso de secularización, iniciado con la promulgación de la Constitución de 1857, en la que establece claramente la separación de la Iglesia del estado, y cuya legislación fue causa de una revolución civil, entre liberales y conservadores, los primeros a favor del estado laico y los segundos en contra.
Los primeros en contra de mantener a la población sumida en la oscuridad de los dictados de los curas, y los segundos por hacer de los súbditos plenos ciudadanos, con un Estado que garantizará condiciones de igualdad para todos, sin importar condición social, raza o credo religioso.
Los conservadores triunfaron momentáneamente y con el apoyo de la Iglesia católica trajeron a Maximiliano como primer emperador mexicano, con la seguridad de que ahora sí habría un gobierno imperial bajo los dictados clericales, como añoraban los conservadores; pero el Habsburgo resultó tan liberal como el mismo Juárez, pues reconoció el derecho de libertad de cultos.
Los conservadores, sumidos en la decepción, abandonaron a Maximiliano a su suerte, hasta que terminó fusilado en el Cerro de las Campanas; aquel acontecimiento es conocido como el triunfo de la República restaurada.
Como hasta los periodistas saben, toda reforma constitucional es seguida por nuevas reformas constitucionales en la misma dirección ideológica que la precedente. Es de prever entonces que lo que sigue en el Congreso es una nueva reforma, ahora para establecer en la Constitución que la religión oficial en Puebla sea la católica.
Con lo cual el Estado asumirá como el gran guardián de los supremos valores del catolicismo entre la población, y tampoco sería extraño que se ordenara la creación de una fiscalía especializa, con la responsabilidad de observar el buen comportamiento de los súbditos en la materia, y eventualmente dictaminar sobre el castigo a los infractores.
Se antoja también la implementación de una campaña de sanidad, de sanidad moral, como la impulsada por Porfirio Díaz en los últimos años de su reinado. En la que se empiece por una revisión exhaustiva sobre qué lee y qué ve la gente.
Porque los libros en manos de ignorantes, ya se sabe, son un arma mortal; alguien tiene que velar por la integridad de los ignorantes, y qué mejor que se reintegre El Índice. Es decir, hacer pública la relación de libros que es apta para lectura de todo público, y castigar a quien mantenga en su poder libros prohibidos.
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