Nada bueno auguran los empresarios-funcionarios
Malos, muy malos presagios se ciernen sobre la administración pública cuando los empresarios se meten de políticos.
Empiezan como los grandes críticos del régimen y luego se proclaman defensores de no sé qué valores, que en general son todo menos de igualdad y sí peligrosamente cargados a la derecha.
Porque ya se sabe que para los señores prohombres de empresa, la igualdad es una quimera, inventada por algún enemigo resentido de la iniciativa personal.
Siguen, presionan por esa vía y con suerte son admitidos unos como proveedores y otros como concesionarios gubernamentales.
Pero no en la condición de todos sus pares, sino de privilegio y en el acto demandan que la relación comercial sea por “asignación directa”; todos abominan de la burocracia.
Porque ya se sabe que eso de las licitaciones y los concursos son un total fastidio para ellos, que además atenta contra el libre flujo de la oferta y la demanda del mercado.
Otros negocian facilidades, que pueden ir de la condonación del pago de impuestos a la facilitación de servicios públicos que, de otro modo no tendrían, pasando por los apoyos crediticios y la bolsa de los fideicomisos.
Pero todavía es mucho peor para el gobierno cuando está ante los que arengan desde el púlpito de algún membrete empresarial, como ocurre sexenio tras sexenio.
Porque, no conformes con los eventuales negocios, exigen más y más, hasta que en algunos casos son nombrados en puestos directivos de la administración pública.
Es justamente en este punto donde comienzan todos los males para la de por sí abatida y arruinada administración pública.
Ya sabemos que los empresarios empresarios no tienen tiempo para andar metidos en la política porque la buena marcha de sus empresas los demanda de tiempo completo.
Así es que los empresarios que andan apurados en tareas que no son propiamente las suyas, o es que no son empresarios o es que ya quebraron como tales y andan a la caza de cómo reponerse rápidamente de su incompetencia.
También está el caso prototípico poblano de aquellos que viven del recuerdo de algún antepasado suyo; y en el caso de conservar algún residuo, sus eventuales empresas no rebasan el número de cinco empleados. Mal pagados y sin las prestaciones de ley.
Las más de las veces los empresarios nombrados en puestos públicos no tienen el perfil del cargo y, lo que es peor, sin la menor idea de lo que trata su responsabilidad. Y ya se conoce la máxima del caso: “que aprenda en la marcha”.
El fracaso de empresarios gobernantes es conocido y padecido por todos. Vicente Fox es en grado superlativo. Un empresario del zapato que quebró la empresa familiar, escaló a la multinacional Coca cola, en la que no pasó de un puesto menor, hasta que decidió meterse a la política.
Sus errores como empresario los seguimos pagando todos, porque al poco tiempo apareció en las listas de beneficiarios del Fobaproa-Ipab. Aun así fue primero gobernador de su estado y luego presidente de la república. Y al parecer el hombre resolvió todos sus problemas financieros porque aparece como todo un filántropo de la cultura.
Pero también en Puebla tenemos experiencias bastante conocidas de empresarios quebrados metidos a políticos para reponerse.
El caso más cercano es el de Luis Paredes Moctezuma, un personaje que gracias a decirse empresario fue dirigente empresarial y luego alcalde capitalino; con él la capital padeció al, tal vez, funcionario más corrupto que se recuerde.
Así pues, lo mejor es que José Cornisa Zamora regrese a su anterior puesto.
Chayo news
Pues con la novedad que uno de los aspirantes priistas que más promete no acaba de levantar en su distrito. Me refiero a Huauchinango y al mentado de Ardelio Vargas. Si las cosas son como dicen que pueden ser, y el PAN postula a René Meza, habrá choque de trenes porque el priista-perredista-panista tiene la chequera llena y, que se sepa, nunca ha jugado a perder.
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