Seis y siete centavos por una inhumana jornada de trabajo
Una comisión de obreras de la fábrica de tejidos de lana denominada Santa Teresa se presentó en las oficinas de nuestra redacción rogándonos hiciéramos llegar, por medio de nuestro diario, a los oídos de los propietarios de la fábrica sus quejas en contra de algunos empleados que explotan su miseria y que, no satisfechos con el maltrato que les dan, el día de raya les pagan mucho menos de lo que en justicia ganan.
Nos manifestaron las quejosas que en la fábrica existen varios grupos de obreras; unas se emplean en hacer la clasificación de la lana, otras en “bastillar” cobertores y las demás en hacer la “spanta” a los “plaids” y tilmas de viaje.
Las ocupadas en la clasificación de lana son las que más sufren, pues a lo pesado de su trabajo, que consiste en separar de las enormes pacas de lana que reciben de la fábrica, la que pertenece a cada clase, se agrega lo poco que dicho trabajo les produce, merced a la inhumana conducta que tiene el empleado Antonio Villalobos, con el apoyo del señor administrador.
Cuando las obreras terminan su pesada labor, llevan la lana al departamento de recepción a cargo de Villalobos y éste las hace salir del departamento, mientras pesa a su antojo la lana que le entregan. Allí precisamente está el abuso, dicen las obreras, “pues se nos paga una cantidad arbitraria, según el capricho de este señor y cuando nos hemos quejado con el administrador, se nos amenaza con quitarnos el trabajo”.
“Esta difícil situación la hemos soportado durante mucho tiempo, hasta que completamente se nos hace imposible la vida, pues el señor Villalobos ha llegado a rayarnos a razón de seis y siete centavos al día, con lo cual no podemos vivir, ni creemos honrado que se explote de esta manera a la mujer, que tiene un concepto tan reducido para la lucha por la vida”.
La nota apareció el 29 de enero de 1912 en Nueva Era, el periódico maderista dirigido por don Juan Sánchez Azcona y Jesús Urueta, en plena euforia democrática; y permite ver la poca diferencia entre un siglo y otro, y hasta dónde la justicia nacional protege a los más vulnerables.
Chayo news
Una de las mejores decisiones tomadas por José Antonio López Malo es, sin lugar a dudas, la reubicación de José Cornish Zamora de la Subsecretaría de Promoción Industrial de la Sedeco.
Por las razones que sean, desde que el señor Cornish fue nombrado en el puesto ya andando la administración marinista, supuso que su colocación allí era para arribar a la titularidad de la dependencia en cuanto la ocasión fuera propicia, pero ésa tardó tanto que llegó primero su separación.
Como funcionario de primer nivel prefirió la inanición, no hacer nada pues, suponiendo que de esa manera aceleraba la caída del entonces secretario Gerardo Fernández Sánchez. Aunque tuvo sus cinco minutos de fama, cuando fue nombrado encargado del despacho, no fueron suficientes para su ambición.
Aunque es un viejo abogado, hay que decirlo, los temas de la dependencia no le son del todo ajenos, pues trabajó en ese sector en el gobierno federal durante muchos años. Hay que decirlo también, esa actitud morosa fue asumida al amparo de su amistad con Mario Montero Serrano.
Hay que decirlo cuantas veces sea necesario, la Sedeco es de las instituciones más importantes del gobierno. Pues el verdadero progreso no está en el asistencialismo sino en la creación de las condiciones para el triunfo de la iniciativa individual.
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José Alarcón Hernández ha dicho una cosa que “además de cierta es verdadera”, como dicen los expertos. Que un exprecandidato impugne el proceso de selección de candidatos de su partido, el PRI, como lo ha hecho Selim Yunes, no afecta en nada el proceso general. En todo caso es parte de los derechos políticos de cada cual, y ahora serán las instancias judiciales las encargadas de dar la última palabra al respecto.
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