La impronta de Blanca Alcalá
No hay día que pase que la alcaldesa capitalina no anuncie obras y proyectos para la ciudad capitalina y las juntas auxiliares, las que por lo general han sido relegadas por los gobernantes a un segundo y tercer plano, porque para algunas autoridades invertir en ellas no reditúa como ocurre en otros sitios o porque sus habitantes son mucho más débiles en sus niveles de exigencia, respecto de los miembros de aquellas colonias con grados de ciudadanía más elevados. Finalmente —hay que decirlo— eso hace la diferencia entre unos y otros.
El embellecimiento del Centro Histórico es reconocido por tirios y troyanos, y los propietarios están agradecidos porque gracias a los trabajos de remozamiento han encarecido el valor de sus inmuebles, además los paseantes encuentran que los tradicionales sitios de convivencia ahora son mucho más atractivos que hace un par de meses. Toda la vida unos chiles en nogada son más sabrosos bajo unos techos altos de vigas y paredes encaladas y al acecho por unos ojos de buey que vigilan desde algún punto, que la modernidad insípida que se quiera.
Las calles que desembocan en el primer cuadro ahora son más cosmopolitas, con mayor atractivo para el turismo que suele llegar por acá; y para buena parte de la gente de casa que las camina a pie (incluso ya hay quien felizmente lo hace en bicicleta como el poeta más grande que tenemos, Juan Canales, quien mide poco más de 2 metros), se ha tornado en una grata experiencia de redescubrimiento de una arquitectura civil y religiosa que hasta ahora había pasado desapercibida. La revitalización, ¿mágica?, del Centro Histórico no es una metáfora, es un hecho tangible que se vive todos los días.
Pero esta es la parte bonita, la visible, la glamorosa, la que vende de boca en boca, sin la intermediación de los medios y la estridencia de la propaganda. Hay otro tipo de obra que la gente no percibe a simple vista, porque su hábitat natural son los sótanos, y proveerla resulta mucho más cara, pero que sin ésta la primera no sería posible. Me refiero a la seguridad, un bien público tan caro hoy en día, que muchos de buena fe son los que envidian los niveles de tranquilidad que se viven en la capital poblana. Lo cual es así no por mandato divino, sino por el trabajo tesonero y responsable de Blanca Alcalá.
Un dato que no deja de llamar la atención tiene que ver con el convenio firmado ayer entre el gobierno del estado y la presidencia capitalina, mediante el cual serán reparadas alrededor de 400 calles de la ciudad, con una inversión de 400 millones de pesos, a partes iguales, entre ambos niveles de gobierno. Digo que llama la atención, porque en general la firma de esa clase de convenios no suele ser a mitades, sino en una relación de 80 a 20 por ciento o de 85 a 15 por ciento, en la que el gobierno estatal, en virtud de su mayor capacidad presupuestal, aporta la mayor cantidad, y el gobierno local, la parte más pequeña. ¡Pero bueno!
Chayo News
La clase política corre el riesgo de ser prescindible. Es un dato digno de preocupación. Los verdaderos temas de interés público no son atendidos, y menos debatidos por la clase política poblana, ni por los partidos, sus dirigentes, ni por sus eventuales gobernantes, sino por la academia y algunos funcionarios de organismos ciudadanos radicados en la ciudad de México.
Hacia el principio de semana tuvo lugar en la Universidad Iberoamericana el foro “Otra vez el cuarto poder. Duopolio televisivo vs IFE”, en el que participaron funcionarios electorales, académicos y hasta periodistas, y en el que se concluyó que el gobierno mexicano es vulnerable a la fuerza de persuasión del duoploio de las televisoras.
Pero el dato ni siquiera es ése, sino el llamado que hiciera el consejero electoral del IFE, Alfredo Figueroa, a los actores locales para que interpongan un recurso de inconstitucionalidad en contra de la reforma electoral aprobada por el Congreso del estado la semana antepasada. ¿Alguien sabe cuáles son las razones, y las personas que las adujeron para que los señores diputados votaran como votaron?
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