Diputados: tres lecturas, tres
1
Prácticamente las listas de los aspirantes al Congreso de la Unión están definidas en los distintos partidos políticos, particularmente en aquellos con posibilidades reales de pelear en las urnas.
El resto, ya se sabe, son un jugoso negocio entre líderes de partidos que se hace valer no en las urnas, de cara a los ciudadanos, sino en las negociaciones de traspatio.
A juzgar por esos primeros nombres diseminados en los medios, pareciera como si el destino manifiesto de Puebla fuera la fatalidad.
Como diputados, ninguno de los mencionados hasta ahora es garantía de nada. Con ellos Puebla seguirá como ahora, en los últimos lugares en progreso y bienestar social. Sin discurso ni capacidad de negociación.
Pero más que hablar de progreso y bienestar: la entidad seguirá sin un efectivo principio de representación popular, uno de los anhelos mexicanos que viene rebotando desde los primeros intentos por hacer de México un país nacional con un mínimo de dignidad.
Como se entrevé, nadie de los eventuales candidatos del PRI y del PAN tiene experiencia y capacidad legislativa como para ejercer liderazgo nacional en los temas del Congreso.
Salvo que el PRI este pensando en figuras emblemáticas, como el joven Natale, que no queda claro de qué lado juega, o incluso la diputada González Tostado, que nunca ha podido subir a tribuna, para lanzar a la entidad en busca de los primeros lugares y remontar las inequidades sociales.
Los 16 diputados que representen a la entidad en la próxima legislatura, sean del partido que sean, acabarán diluidos en una marea de 500 miembros. Estos 16 diputados ni siquiera alcanzar a entender los grandes problemas nacionales, menos podrán encontrarles solución.
2
Pues no, y por sorprendente que parezca, ninguno de los aspirantes del Revolucionario Institucional al Congreso, tiene relación con la administración de la alcaldesa capitalina Blanca Alcalá.
Una vieja costumbre en el PRI indica que por lo menos la mitad de los aspirantes por la ciudad son propuestos por el alcalde en funciones.
Hasta Enrique Doger tuvo su cuota y solamente así se entiende que los señores Jorge Ruiz Romero, Pablo Fernández del Campo y Bárbara Ganime sean diputados.
Fernández del Campo incluso intentó infructuosamente seguir haciendo valer su relación con Doger para ser ahora diputado federal, hasta que lo paró el IFE.
La estrategia de Blanca Alcalá no es aprovechar su condición para hacerse de zonas de poder y comprometer al ayuntamiento con algún grupo en particular, en detrimento de los otros. No.
Hasta donde pude averiguar, la apuesta “política” de la alcaldesa es su compromiso con los ciudadanos de la capital. Cierto, no impidió a ninguno de su equipo que manifestara sus inquietudes al partido, pero tampoco hizo compromisos.
Fernando Ariza avanzó en su empeño, pero llegado el momento se privilegió el trabajo y su relación con el sector empresarial, y se concluyó que lo mejor era que se quedara.
A diferencia de lo que muchos piensan, y he aquí una prueba fehaciente, Blanca Alcalá no tiene ningún interés en la sucesión gubernamental; su único interés es la solución de los problemas de la capital.
3
El mundo “patas pa’rriba”. El viernes el diputado por el PT, José Manuel Pérez Vega, promovió en el Congreso del estado un punto de acuerdo en el que se exhorta al gobierno del Estado de México y al Instituto Nacional de Antropología e Historia, a cancelar de manera definitiva los trabajos de instalación de un equipo de luz y sonido en las pirámides de Teotihuacán.
Una demanda en la que coinciden prácticamente toda la comunidad académica de este país, el Consejo Nacional de Arqueología, el máximo órgano del país en la materia, y hasta la UNESCO, quien en 1987 declaró a Teotihuacán Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Pero no razonan igual los muy ilustrados diputados poblanos, quienes votaron en contra, sin dar ningún argumento que no fueran nimiedades. Hasta cierto punto uno puede creer que actúen de esa manera los legisladores Othón Bailleres o el mismo Fernández del Campo, quienes podrían alegar razones de raza y abolengo para sentirse descendientes de Cortés, pero no, ¡por Dios!, la diputada Josefina Hernández García, quien además encabeza la Comisión de Asuntos Indígenas del Congreso.
No cabe duda que el principal enemigo de los indios son los propios indios. No por nada una de las mejores políticas indígenas que ha tenido este país, la encabezó su alteza Maximiliano.
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