De las listas y los listos
Es más que notorio que el Revolucionario Institucional vive sus apuros de puertas adentro, salvo cuando sus miembros precisan de la fuerza de la opinión pública y enviar “dos que tres” mensajes cifrados a sus adversarios.
El ojo divino que todo lo mira y todo lo sabe, al amparo de los grupos de inteligencia.
Hay por lo menos un par de grupos que escenifican una disputa soterrada, oculta, clandestina, sin quejas. Atemorizados por la máxima de: “el que se mueve no sale” (electo).
Por un lado están los militantes que en legítimo derecho buscan ser postulados a una de las 16 diputaciones federales, las que serán votadas a mediados del año entrante.
Para lo cual hacen las respectivas gestiones en el partido y, claro, con los electores.
Del otro lado, estos mismos aspirantes resienten la injerencia, la insinuación, de por lo menos un personaje que busca hacerse el “imprescindible” en el eventual proceso de designación.
Quiere hacer el papel del gran elector; una facultad “metaconstitucional” (como se decía antaño) que religiosamente se hace recaer en la figura del gobernador, sin importar el color del partido.
Sean priistas, panistas o perredistas los candidatos a diputados federales y locales, son designados por el gobernador en turno, y privilegia —no puede ser de otro modo— a los miembros de su grupo y partido.
Es parte de los usos y costumbres del autoritarismo, y que la alternancia de partidos, ahí donde se ha vuelto moneda corriente, se ha encargado de mantenerlos en estado puro.
Pero nuestro personaje ha hecho sentir a los aspirantes que “la gran decisión” no será una facultad sólo del partido, el PRI, sino suya también.
Si no es candidato, como se asegura, entonces busca tener un peso decisivo en la designación del ungido.
Acto seguido ha enviado por lo menos un par mensajes en esa dirección, en la que manifiesta tener la fuerza suficiente para cambiar incluso el sentido de las preferencias.
El cálculo no tiene otra finalidad que aprovechar la coyuntura para ganar el mayor número de indulgencias y, llegado el gran momento, hacerlas efectivas en el piso electoral de remates y cobrar caro “su apoyo” al próximo candidato a gobernador del PRI.
Porque no se trata de una estrategia meramente coyuntural, de acomodar a los suyos, sino transexenal; trascender a Mario Marín para seguir influyendo en el próximo gobierno estatal, sea del signo que sea.
Los diputados federales que serán electos el año entrante tendrán un papel decisivo en la designación del próximo candidato a gobernador; incluso en su eventual triunfo, por las relaciones que puedan establecer con los grupos de alcance nacional.
He aquí la estrategia de alborotar la gallera con la filtración dizque de la lista definitiva, justo cuando el proceso en el Revolucionario Institucional se hallaba en completa calma.
Nota: no puedo cerrar estos apuntes de fin de año sin mencionar que me parece una pérdida grande para el desarrollo de los campesinos de la entidad la separación del cargo del muy eficiente secretario de la SDR, Alberto Jiménez Merino, para mandarlo a buscar una borrosa candidatura. Un puesto que ya tuvo, por lo demás. No lo conozco personalmente, pero me parece que es uno de los mejores secretarios que ha tenido esa dependencia desde su creación. Merino se merece otra cosa.
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Chayo news
Esto se acabó; felicidades, para los unos; y salud, para los otros; y si los “tatamandones” no disponen lo contrario, por acá nos hallaremos el año entrante.
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