Los Morales Flores: ¿vuelta al pasado?
En los corrillos políticos se cuenta que las señoras de los Morales Flores se han reconciliado, luego de las desavenencias intestinas suscitadas por la nominación del aspirante al Senado de la República.
Puertas adentro, la familia de “Chucho” tenía más que claro que había llegado su hora. Sin embargo, las cosas salieron como salieron, y la disciplina y las lealtades pudieron más que los afectos.
Pero, ¡oh, paradojas!; andando el tiempo se toparon con la salida de Roberto del primer círculo, en condiciones que no agradaron mucho a la gran familia ampliada. Esa circunstancia los unió de nuevo.
Se dice que Roberto determinó entonces tomarse unas vacaciones, previo acuerdo con su consorte, quien además hace de diputada local en el estado de Veracruz.
Y como Quetzalcóatl, Roberto prometió volver… con sus “clínicas rodantes” (dos camiones tráiler debidamente provistos de equipo médico), y que iniciando enero emprenderá recorridos por todo el estado con el fin de “agradecer” a la gente.
Lo sabemos todos, los Morales Flores no son hombres con vocación de Estado o con ejercicio de gobierno, digamos, por arriba de la media nacional. Vaya, ni siquiera comprometidos con el sector del PRI que dicen representar: los campesinos.
Durante la administración estatal pasada, el estado de Puebla se rezagó no sólo en lo tocante a políticas de gobierno en general, sino en materia de legislación.
Fue entonces que empezó la “chiapanización” de la entidad. Los indicadores económicos y de bienestar social cada vez se parecen más a los de aquella entidad que a las del centro del país, para no mencionar las del norte.
Un caso que pinta de cuerpo entero la actitud deliberadamente “excluyente” de la administración de Morales Flores en contra de los grupos vulnerables, puede verse en el trato dispensado a los indios de Puebla.
Por razones extrañas para muchos, el gobernador de entonces se negó de manera sistemática a que el Congreso del estado elevara a estatuto de ley los derechos culturales e históricos de los indios poblanos.
Hablar de la población indígena no es un ejercicio retórico; es hablar de los primeros habitantes del territorio que ahora se conoce como “Estado Libre y Soberano…”; y de sus señas de identidad.
La legislatura de entonces y el Ejecutivo se dieron tiempo, por ejemplo, para repartir entre empresarios y amigos (pero más amigos que empresarios), los terrenos de la reserva Atlixcáyotl.
Tengo claro que los derechos políticos de cada cual son derechos universales, salvaguardados por la legislación vigente. Votar y ser votados es garantía de todos.
Pero no por eso la población de los excluidos, que es la mayoritaria (seis de cada diez viven por debajo de la línea de pobreza) debe resignarse a la fatalidad.
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