El Verde: la aberración de la partidocracia

La noticia de ayer fue que eso que se hace llamar Partido Verde Ecologista de México nombró nuevo dirigente estatal en Puebla; se trata del joven priista Antonio Natale López. Una designación equiparable a la del director regional de una eventual empresa dedicada a la producción y comercialización de, digamos, carnes frías.

Ninguna novedad en su nombramiento, ciertamente. Desde tiempo atrás, el ahora presidente estatal hacía las veces de enlace entre el partido que ahora encabeza y el Revolucionario Institucional, cuyas filas no abandona, como previamente prometió hacer, y hasta enlistó un número grande de supuestos agravios cometidos en contra de sus derechos de militante de no sé cuántos años, y por cuya causa se iba a buscar fortuna en otro partido, que sí le reconoce sus capacidades.

Pero volvamos al principio. Tan estrecha es la relación entre ambos partidos, PRI-Verde, que en uno de esos amasijos que nadie entiende, el joven Natale también es diputado local suplente de la priista Bárbara Ganime, gracias a ese género de acuerdos draconianos que tanto le ha redituado en los últimos ocho años al negocio de la familia González Torres, los verdaderos dueños de la franquicia. Porque en ninguna organización democrática (de ciudadanos, pues) se toman decisiones de tipo gerencial.

El partido de marras se fundó hace 22 años, lapso de tiempo en el que apenas se ha permitido dos presidentes nacionales. El primero corresponde al de su fundador y verdadero dueño, Jorge González Torres, quien se mantuvo en la dirigencia quince años, apenas la mitad del periodo que lo hizo Porfirio Díaz en la Presidencia de la república. En el cual, el señor González Torres se hizo aclamar candidato presidencial cuantas veces quiso.

En el 2001, en un acto de magnanimidad familiar (no hay modo de entenderlo de otra manera), González Torres certificó a nombre de su vástago el derecho de explotación de la franquicia, quien se sostiene inmutable en el puesto hasta el día de hoy. Aquella maniobra resultó tan pedestre y aldeana que de inmediato el nuevo dueño fue bautizado con el mote de “El Niño Verde”. En aquella coyuntura, un semanario de influencia nacional publicó un largo reportaje con la opinión de los más connotados especialistas en temas de ecología, y todos a una voz reprobaron el abuso del tema ecológico que hace ese partido.

Hay que decirlo cuantas veces sea preciso, que “El Verde”, como lo sabe cualquiera que se haya tomado la molestia de seguirlo en su participación pública, no tiene absolutamente nada de verde, salvo los colores que usurpa en su emblema. Ninguna organización de ambientalista de prestigio le reconoce ningún mérito en el tema ecológico, el cual sólo utiliza de gancho engañabobos. Por eso razón, hoy su supervivencia la finca en su eventual capacidad para ofrecerse aquí, allá y acullá.
Me parece, sinceramente, que ningún partido ha dañado tanto los anhelos democráticos nacionales como lo hace esa careta de organización política. Que como se nota a leguas, dista mucho de estar a la altura de la circunstancia nacional. Es más, me temo que ni siquiera tiene la capacidad de entenderla ni la voluntad de hacerlo. Que se sepa, los González Torres nunca han estado de lado de las grandes preocupaciones del país. Y cuando han estado, ha sido para sacar provecho personal (véanse los textos al respecto del especialista en partidos José Antonio Crespo).

Pero no nos engañemos, en la designación del nuevo presidente del Verde Ecologista en Puebla se aloja la recolonización de los partidos “sanguijuela”, por los tiburones, los partidos grandes, rumbo a las elecciones del año entrante y del 2010. El Verde Ecologista es una organización agotada, que ya no cabe en un contexto de democracia partidista; además, resulta ineficaz en elecciones que cada vez son más competitivas. ¿Qué población gobierna en Puebla? Ni siquiera tiene representante en el Congreso local, como lo tiene hasta el recién creado Panal.

Pero el problema de fondo no es la designación de un cuadro priista de cepa en un puesto de dirección de un dizque partido de oposición, sino que en general los partidos son organismos de interés público y por lo tanto cuestan muchos miles de millones de pesos a los contribuyentes. La manutención de todos los partidos la pagamos todos los ciudadanos. De aquí la razón suprema de someterlos a escrutinio público.

Durante la muy cuestionada elección del 2006, el costo que tuvo, según reportes del IFE, fue superior a los 11 mil millones de pesos. Cantidad que en su mayoría se repartió entre los partidos; en la que el Verde obtuvo una buena tajada porque fue en alianza con el Revolucionario Institucional; pero más que la tajada en dinero, la verdadera tajada fue la repartición de puestos en la Cámara de Diputados y Senadores. Es una aberración que un partido que no tiene la capacidad de ganar un distrito en las urnas tenga una sobrerrepresentación en ambas cámaras del Congreso de la Unión.

En marzo de éste año, el Partido Verde solicitó un aumento de presupuesto de mil millones de pesos dizque para monitorear no sé qué cosa en los medios de comunicación. ¿Tiene la autoridad moral y política para hacerlo?

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Posted by Ociel Mora on Noviembre 28th, 2008 | Filed in Política | Comment now »

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