La sospecha de los impuestos
Sería un presagio funesto para la buena fama del SAT (Servicio de Administración Tributaria), que de la noche a la mañana resultara que el señor Carlos Sánchez Romero no tuviera ningún género de problemas con el pago de impuesto, y que acto seguido se presentara en sociedad como ciudadano inmaculado, sin macha.
Pero no sólo la institución nacional sería dañada en su reputación, sino que el maleficio alcanzaría peligrosamente a su nuevo director regional, el afamado Tony Gali. El que llegó a ese puesto por intermediación del senador Rafael Moreno Valle, quien allá por principios de 2006 lo llevó con un personaje de futuro borroso, llamado Felipe Calderón.
Y es que Carlos Sánchez, quien entre otros hábitos tiene el de presumir sus relaciones con el poder político y del dinero, no tiene empacho en pregonar sus relaciones con el nuevo funcionario federal, e incluso para ratificar la cercanía con él, cuenta que lo tiene de vecino allá en Acapulco, en Punta Diamante.
Sitio paradisíaco en el que tienen departamento de descanso algunos poblanos, que de la noche a la mañana han amasado fastuosas fortunas, una buena parte de ellas al amparo de la administración pública.
Don Carlos es un hombre de empresa. Le viene de familia. Al grado que en San Martín Texmelucan concentra en absoluto la venta de gasolinas y diesel, con la salvedad de únicamente un dispendio —uno sólo— que sale de su control monopólico.
Pero algo ocurrió en la vida de nuestro personaje que hace dos años, para sorpresa de muchos, y en una decisión insólita, determinó meterse de político. Para entonces su única fama popular era la de gallero, y porque prácticamente ninguno le atora a sus apuestas, porque son arriba del millón de pesos.
Y para mantener la tradición y hacer más notorias las diferencias sociales, don Carlos vive en Puebla, donde tiene su residencia, y ha hecho de San Martín su patio trasero, al que sólo visita por sus intereses económicos, y ahora políticos.
Tentaciones imperiales dos
Apenas cerraba mis apuntes de ayer domingo cuando me topé con una página electrónica muy particular para mi gusto. Se trata de La Casa Imperial de México, y se le puede visitar en www.casaimperial.net.
Pero mi sorpresa no tiene que ver con el hecho de que haya una página con esas características. Finalmente la libertad de prensa es un derecho de todos y para todos.
Lo primero que se asienta en su primer renglón es que el interés por la Monarquía Mexicana (así con mayúsculas) ha tenido un renacimiento en los últimos años. “Ya existen ahora varios websites dedicados a la historia de la monarquía mexicana y la casa de Iturbide”.
Y que “hasta donde sabemos, éste es el único website que cuenta con la ayuda de la cabeza de la Casa Imperial de México, don Maximiliano de Götzen-Iturbide.
”Él no es el único descendiente directo de Iturbide pero es también el heredero de la tradición de la Casa Imperial de Habsburgo en México. Él ha sido muy generoso en darnos su permiso para utilizar algunas fotografías, pinturas y documentos de su colección”.
Los autores del portal se dicen partidarios de la tradición de la monarquía nacional, y partidarios de su regreso como forma de gobierno, aunque también reconoce (¡faltaba más!), que esa decisión es enteramente una decisión del pueblo mexicano.
Precisan que “México tuvo dos experimentos con la forma monárquica de gobierno en el siglo XIX. Ambos tuvieron una vida breve y ambos emperadores pagaron con sus vidas su heroica resistencia y su dedicación a la causa monárquica”.
Pero la existencia de un portal que aboga por el retorno de la monarquía no sería motivo de ningún problema de no ser porque las declaraciones que hiciera un diputado panista son prácticamente las mismas que defienden los autores del portal de marras.
El diputado Francisco Fraile, en su calidad de presidente de la Comisión del Centenario y Bicentenario de la Cámara de Diputados para los festejos de las revoluciones nacionales, ha hecho declaraciones en las que urge la recuperación de la imagen de Iturbide, como fue publicado el domingo pasado en el periódico Reforma.
Entre otras cosas, como presidente, Iturbide elevó a la categoría de ley la religión católica, y la estableció como religión oficial de todos los mexicanos y se ordenó la persecución de las demás expresiones de fe.
Como ya lo dijimos aquí, el problema no es de corrientes historiográficas, lo cual es muy legítimo entre historiadores abordar los temas desde diferentes puntos de vista, sino de acciones de gobierno.
Como diputado, es decir representante popular, Fraile puede promover leyes para hacer de la religión católica la religión oficial de todos los mexicanos; y ya sabemos que la causa principal de todas las miserias de este país se encuentra justamente en la moral católica.
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