Miércoles, junio 22, 2011
Hay un déficit ciudadano. Es una verdad de Perogrullo que no está en duda.
Muchos de los grandes problemas endémicos se deben justamente a esa condición.
Las personas comunes nos quejamos: somos ciudadanos en el papel, no en los hechos.
A su vez, los gobernantes suelen culpar a la sociedad de apática, de no participar en los problemas generales que nos atañen a todos.
Y ante los grandes retos, como la pobreza y marginación, los gobernantes son claros en decir que no pueden solos, que precisan de la participación de los demás.
A su vez la gente común y corriente, se queja de que el gobierno no la escucha.
Pero los más letrados, las clases medias, la llamada ciudadanía cultural, solemos quejarnos amargamente por la ausencia de mecanismos institucionales para hacer efectiva una verdadera participación política.
Desde donde podamos intervenir en las decisiones de gobierno.
Porque de eso trata la participación política, de ser parte de las decisiones que nos atañen a las mayorías.
Semanas atrás, y sobre el mismo tema, Federico Reyes Heroles escribió un ilustrativo artículo sobre la sordera gubernamental.
En el ámbito nacional, el secretario de educación se llevó las palmas cuando acusó a los padres de familia de ser los causantes de la ruina nacional.
Pues los acusó de “no meterse a la escuela”, de quedarse afuera mirando.
Las declaraciones del señor Lujambio ocurrieron semanas después de que un grupo de especialistas en educación hicieran público una carta en la que señalaban que el origen de todas las tareas de la educación nacional se encuentra en el monopolio sindical que ejerce el SNTE.
Pero la de los especialistas no era participación social, sino sepa Dios qué, porque entonces el titular de la dependencia no dijo ni pío.
Hay que decir al respecto que lo dicho por los especialistas en aquella carta no es nada nuevo, pues eso mismo han dicho de la educación nacional los organismos internacionales de los que México es parte, como la OCDE y PNUD.
Es el estado reinante respecto de la llamada participación política de la sociedad común y corriente.
Por eso es importante revisar con detenimiento el Plan Estatal Sectorial de la Secretaria General de Gobierno presentado semanas atrás por esa dependencia y su titular, Fernando Manzanilla.
La Secretaría de Gobierno tiene como responsabilidad suprema mantener la armonía entre las personas, más allá de los lazos meramente afectivos.
La idea, su idea, es hace de “Puebla el Estado de la paz”. Pero ese no es un proceso a secas, instantáneo, de un día para otro. Sino que precisa de nuevas formas de interacción política, como se explica en el documento.
Pero yo diría que habría que ir un poco más atrás, y trabajar sobre una nueva cultura política, y esa cultura política no puede emanar más que de los procesos educativos, para lo cual se requiere de nuevos contenidos en la materia de civismo.
En el entendido de que los procesos culturales son de largo, y muy largo plazo, al punto de que los especialistas hablan de cambios generacionales.
El programa sectorial de Paz Social y Corresponsabilidad, lo integran cinco ejes: legalidad, gobernanza participativa, gobernabilidad, protección de la sociedad y eficiencia institucional e innovación.
Pero más allá de la enunciación de ejes la riqueza del documento está en el detalle de la información estadística que se ofrece para cada caso particular.
Por ejemplo, se afirma con datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social a 2010, que en Puebla existen 78 asociaciones sindicales, y se detallan por número de miembros y orientación sindical.
A otra cosa
Mi gratitud para Enrique Núñez que, que sin ningún género condiciones, acogió esta columnita en las páginas de Intolerancia.
Mi agradecimiento a Ricardo Morales, el artífice de mi arribo al periódico hace cuatro años.
También a Cirilo, porque nunca me dejó fuera, no obstante que siempre rebasé el número de caracteres indicado.
Pero sobre todo Gracias a mis grandes cuates “Toño” Machado y Jaime Torreblanca, los que siempre estuvieron pendientes de que la columnita se escribiera, llegara a la redacción y apareciera al día siguiente.
Las satisfacciones fueron muchas, una de ellas fue la conversación con un tal Mario Martell, de dudosas credenciales morales.
A mis suspicaces lectores, en caso de tenerlos, les digo gracias, y que tal vez más adelante nos hallemos.
Miércoles, junio 8, 2011
El tributo más grande a la corrupción estuvo simbolizado por el Colegio de Bachilleres y su sindicato.
Los que para efectos prácticos eran la misma cosa.
Hablo de las últimas dos administraciones priistas.
Tan fue así que, Alberto Guerrero, sin ningún pudor pasó de la dirigencia sindical a la dirección general.
Concluido su periodo al frente del COBAEP, estuvo a un tris de retornar a la cabeza del sindicato.
Pero para entonces aquella disparatada estrategia se volvió insostenibles ante la opinión pública, así es que no hubo más que se ordenó la capitulación de Guerrero.
Antes de abandonar el Colegio para irse de candidato priista a diputado por Teziutlán, Guerrero ordenó en el Sindicato la creación de la figura de “asesor general vitalicio”, y se nombró a sí mismo en ella, para garantizar de por vida su control.
De aquel amasiato impúdico nació Refugio Rivas Corona.
Una hechura con escuadras del primero.
Pero hay que decirlo también que la culpa no fue en todo de dirigentes y directivos.
Mucho tuvieron que ver los gobiernos estatales que de manera deliberada hicieron de esa institución educativa la sede de una tupida maquinaria electoral.
La permanencia de funcionarios y sindicato no estaba en función de la innovación en los planes de estudio ni en los estándares de aprovechamiento escolar de los estudiantes.
Su legitimidad dependía de la capacidad de ambas instancias para promover y ganar elecciones para el PRI.
El personal académico no ganaba los ascensos en el aula, sino en sus ratos libres y fines de semana, en la calle distribuyendo propaganda y colgándola en los postes.
René Marín, a la sazón hermano del Señor Gobernador, conformó su propio equipo electoral con lo más granado de la especie, con cargo al Colegio.
Fue como los afectos familiares se colocaron por encima de todo y todos.
No había poder institucional ni humano que los hiciera entrar en razón.
Los puestos administrativos se ganaban también mediante ese género de conciliábulos.
Fue como Abner Castelán Camargo probó en los altos mandos sin tener los más elementales méritos para encabezarlos, no obstante ser una buena persona.
La apoteosis fue cuando oficialmente se declaró la candidatura de Mario Marín al gobierno del Estado.
Uno de los momentos más obscenos fue cuando Alberto Guerrero ordenó comprar una casa dizque para hacer un centro cultural para la comunidad.
Los panistas en el Congreso del Estado se vieron moralmente impelidos a intervenir, pagaron el costo de un avaluó, y se demostró que se había pagado más del 50 por ciento del precio real de la casa.
Como ahora, las fracciones en el Congreso no fueron más allá de un mero ejercicio de catarsis entre grupos parlamentarios, y todo quedó igual.
Aquellas condiciones hicieron que un hombre como Omar Álvarez Arronte fuera nombrado director general hasta en dos ocasiones.
Sabedor de su talante, solía hacer gala de ser la persona más distante de un perfil educativo y académico. Su chamba era de control político “no de libros”.
Maestros y alumnos con voluntad de destacar, tenían que hacerlo obligadamente en las filas del PRI.
Los que disentían de esas prácticas eran sometidos a escandalosas bajezas que rayaban en la indignidad.
Sin lugar en el PRI por su mala fama, el año pasado Guerrero se fue a la campaña de Compromiso por Puebla con la esperanza de retomar el control sindical del Colegio.
Sin embargo, Rivas Corona tan hábil como el otro, en cuanto tuvo el control hizo modificar los estatutos sindicales y desaparecer la “figura vitalicia”.
Acto seguido desconoció al mismísimo Alberto Guerrero y cortó los apoyos financieros a su equipo enquistado en el gremio.
Hoy por hoy, Rivas Corona tiene de su lado a más del 96 por ciento de su gremio. No por su popularidad y liderazgo sino en rechazo al retorno de Guerrero al Colegio.
El gobierno, que tiene el control de la Junta de Conciliación y Arbitraje, me parece que ha leído mal el mensaje.
Los trabajadores sindicalizados, que incluye a la mayoría de los puestos de confianza y los directores de planteles, no quieren a Guerrero de regreso.
Por lo demás, los trabajadores gozan del derecho constitucional de organizarse como quieran y con quién quieran, lo mismo en materia de participación electoral partidista.
El viejo corporativismo gubernamental ya no cabe hoy en día. Provenga del partido que provenga.
Chayo News
Elevo mi lamento y no tengo empacho en hacerlo público.
Leo en los periódicos que se va de vuelta el señor Norberto Tapia sin que yo lo haya visitado.
No me refiero a su persona, sino a su oficina.
Cuentan los venturosos que sí tuvieron la fortuna de pasearse por allá, que el hombre tuvo la audacia de reunir en torno suyo al grupo de mujeres más apuesto que jamás se hayan visto por esa dependencia.
Un gusto a todo lujo.
Y eso en mi caso, señores, es motivo de pesares.
Martes, junio 7, 2011
1. Llevo muchos años haciendo un ejercicio de opinión pública entre amigos y no amigos, pero eso sí todos vinculados con los medios impresos de comunicación. Unos de manera profesional como periodistas, académicas o simplemente lectores con relativo lustre. Pregunto si en caso de que tuvieran que irse a una hipotética isla desierta, en la que sólo tuvieran acceso a un medio de comunicación para estar medianamente informado, cuál se llevarían consigo. Ya sabrán las gesticulaciones de rechazo, y las muecas de que no hay mucho de dónde escoger, y de que ustedes los periodistas. Sin embargo, una cosa si he sacado en claro en estos diez años que llevo preguntando: ninguno se llevaría El Sol de Puebla. He aquí pues una de las grandes contradicciones de nuestra contrahecha cultura democrática: se trata del periódico con mayor circulación, el que vende más planas de publicidad, y el que goza de los mayores privilegios gubernamentales. Y si habremos de creer en mi ejercicio (que no tiene ningún valor más que el meramente personal), el que menos confianza genera, por lo menos en el sector en el que yo me muevo. La presumida ciudad de las universidades no ha sido capaz de crear lectores de periódicos con un mínimo de exigencia, para no decir de libros.
2. Mucha zozobra provocó ayer entre el gremio de los informadores de a pie que el gobierno que encabeza Rafael Moreno Valle convocara a dueños y directores de medios a una comida con motivo del Día de la Libertad de Expresión. La zozobra tiene su sentido. Porque primero se trata de una antigualla del viejo régimen, creado por los primitivos cacicazgos del priismo corporativo de mediados del siglo pasado, con los Ávila Camacho al timón. Vicente Fox en un acto de brillantes inusual en él, la suprimió en su primer año de gobierno junto con la entrega del premio nacional de periodismo por su significado negativo para la plena libertad de expresión. Y segundo, porque si por algo se ha caracterizado el gobierno de Moreno Valle es por su actitud distante respecto del gremio y su quehacer de informar. Hasta pareciera que estamos en una de las democracias más maduras del viejo continente, en la que los políticos procuran el favor de los electores y los periodistas de los lectores. En la que ambos podrán ser compañeros de viaje, pero no socios. Y porque finalmente en el gremio todavía no acaba de disiparse la sospecha de que la promulgación de la llamada Ley Mordaza fue con el fin de inhibir el ejercicio de la crítica. Cuando lo que realmente se precisa para consolidar la alternancia es de una ley que primero garantice los derechos de los periodistas, y segundo que transparente plenamente la relación prensa-gobierno. Con reglas claras y universales para todos.
3. El patrimonialismo de la relación prensa-gobierno ha sido motivo de frases celebres. La más conocida es la de “no te pago para que me pagues”, dicha por José López Portillo, entonces presidente, respecto de su pariente Julio Scherer García, el dueño de la revista Proceso, quien entonces exigía publicidad oficial para sobrevivir. Puebla también tiene la suyas. En los cafetines del portal, el decano Mauro González, recuerda que por allá por los añosos setenta, Pedro Ángel Palau, El Viejo, en un día como hoy, dijo que él no era “periodista de estómago agradecido”. Por aquello de que no era considerado en los conciliábulos del gremio progubernamental. Con menos fortuna están las de ese personaje que es tenido como el causante de la putrefacción del oficio por la penetración del dinero oficial en las páginas de los periódicos, y que concluyó con la creación de un país sumido en la desinformación: José García Valseca. Para defender su emporio de 37 periódicos distribuidos por todo el país de la amenaza de la radio, dijo que “el periodismo hablado vuela, el escrito perdura”.
4. Los periódicos fueron los hijos predilectos del régimen, y en algunos estados lo siguen siendo. Alguna vez Enrique Krauze escribió que la revista Proceso había contribuido más a la democratización del país que la reforma electoral de Jesús Reyes Heroles, mediante la cual los partidarios del comunismo pudieron organizarse en partidos y participar en las votaciones para los principales puestos de elección popular. A nivel nacional la transición de los periódicos y la radio presidió a la alternancia política. En Puebla el proceso fue al revés. La alternancia de partidos llegó primero que la modernización de la prensa. Incluso luchando contra ella. El principal drama local es que hasta ahora ningún proyecto informativo ha tenido como principal protagonista al lector o al radioescucha, sino a los principales grupos políticos. Luego entonces, los dueños y directores actúan en consecuencia como soldados. Sin el menor reparo ético en la eventual opinión de los lectores. Ese drama alcanza a las más de 50 instituciones de educación superior en las que se imparte la carrera de periodismo, cuyo desempeño de sus egresados es de ínfima calidad. Otro dato que demuestre que los periódicos obedecen a intereses ajenos a los meramente de información es que más del 90 por ciento de los medios son dirigidos por no periodistas. Que los periódicos vivan de sus lectores parce ser lo más elemental, sin embargo, para llegar a ese punto de virtuosos se requiere de la participación de los gobiernos, porque a final de cuentas es deber del gobierno garantizar la información, y no sólo de los periodistas. Y ya se sabe que en general la televisión todo lo banaliza, en tanto que la prensa escrita legitima a los gobernantes.
Lunes, junio 6, 2011
La aprehensión de una de las figuras más prominentes del viejo régimen no es nada nuevo. Por lo menos no en las sospechas de la clase política de altos vuelos. La pregunta es por qué ahora. Y la respuesta que se antoja más popular es porque estamos en la víspera de que empiecen formalmente las campañas por la presidencia de la República.
En esa disputa, y como es de conocimiento de todos, los aspirantes más rezagado son los del presidente Felipe Calderón y de su partido el PAN. El señor Ernesto Cordero sencillamente no da con pie con bola. No hace clic con la gente y sus declaraciones son penosamente desafortunadas. En tanto que el más aventajado de los panistas, Santiago Creel Miranda, sencillamente no está en el ánimo del señor presidente. Lo mismo ocurre en el caso de la señora Josefina Vázquez Mota.
Así es que estamos de nuevo ante una de las expresiones más funestas del viejo autoritarismo que utiliza todo el aparato del Estado para eliminar a los adversarios políticos (Verbigracia Carlos Salinas de Gortari). En este caso particular el objetivo no sería otro sino Enrique Peña Nieto, el aspirante que hasta ahora les saca claro a todos los que han entrado al juego. Bajar a uno para subir al otro.
No sin razón uno de los analistas más serios decía ayer que “Jorge Hank Rhon es el eslabón moralmente más débil de la cadena que conduce al grupo Atlacomulco, es decir a Peña Nieto”. Pero igualmente cierto es que para acreditar su determinación ante la opinión pública, Calderón “necesitará pruebas más sólidas que una colección de armas privadas para quitarnos la noción de que esto no es una maniobra facciosa preelectoral”, (El Universal, Jorge Zpeda Patterson).
Todo indica que el presidente ha determinado dar un golpe de timón, aunque al parecer no se trata del primer manotazo sobre la mesa para hacer valer su parecer. Hay los que juzgan que, en su afán electoral, Calderón habría tomado ya otras decisiones ortodoxas en esa misma línea, como el hecho de hacer alianza con las televisoras en contra de TELMEX y su dueño Carlos Slim.
Pero eso no parece ser todo. En las últimas semanas se dijo mucho en los corrillos que el gobierno del presidente Calderón tendría en la mira a por lo menos cuatro gobernadores priistas, los cuales podrían ser acusados de mantener relaciones con el narcotráfico, pero también de otro tipo de delitos como pederastia y corrupción. Los cuales, y de proceder la estrategia, podrían ser aprehendidos y sometidos a procesos judiciales.
¿Quiénes son? Se habla de dos ex mandatarios del norte y dos del centro. De Tamaulipas uno y de Chihuahua el otro, aunque también se dice que podría ser de Coahuila. Los del centro no requieren de mayor esfuerzo. Se estaría hablando de Puebla y Oaxaca.
A ese rumor podrían obedecer las declaraciones del presidente nacional del PRI, de la semana pasada, en un periódico nacional, en el que a ocho columnas se lee: “exige el PRI a la PGR prueba en contra de ex gobernadores”.
Humberto Moreira solicitó a la Procuraduría General de la República que manifieste si existe alguna indagatoria en contra de los ex mandatarios estatales, tras advertir que cualquier intento de politizar la justicia “derrumbaría” el esfuerzo de gobernadores y presidentes municipales por organizar un frente común contra el crimen organizado.
¿Será que por este camino el PAN logre recuperar la credibilidad perdida, al cabo de una década de gobiernos panistas incompetentes, y de haber sumido al país en una guerra que ha costado cuarenta mil muertos, y cuyos logros nadie del gobierno ha logrado explicar con un mínimo de coherencia?
A reserva de que se conozcan las encuestas, y a riesgo de errar, pero todo indica que El Quinazo no hará más que fortalecer todavía más la figura de Peña Nieto en el clamor de la gente. Salvo, claro, que mañana también las televisoras cambien de parecer, y ahora La Estrella del Canal de las Estrellas sea otra.
Jueves, junio 2, 2011
El dato es tan contundente como su fuente. La UDLA es la universidad privada más importante en la entidad y la que imanta mayor respeto. El señor Ernesto Derbez no sólo es su rector, sino un prominente panista y miembro de su Consejo Nacional. En esta administración estatal estuvo a un tris de dirigir la SEP. Pero en su persona privó la prudencia por encima del ansia. Y se excusó de buena manera. La UDLA y Derbez se han mantenido fuera de las complacencias políticas y del circuito de la partidización. Derbez no es político-político, aunque haya sido miembro aventajado del primer gabinete panista a nivel nacional. Primero presidió la Secretaría de Economía para enseguida hacerse cargo de Relaciones Exteriores, en sustitución de ese relámpago llamado de Jorge G. Castañeda. Fue de los pocos que terminaron como empezaron: sin mancha y en los primeros lugares de mando. Ernesto Derbez no es político. Es –eso sí- un gran técnico, condición que pondera aún más su declaración de la noche del miércoles respecto de la honradez de la ex alcaldesa Blanca Alcalá Ruiz, y su pronóstico bien matizado de que a la postre terminará triunfando el resplandor de la verdad, y que (como en otras ocasiones en las que la ex alcaldesa ha sido acosada por la maledicencia), será absuelta de los embustes y engaños. No para bien de ella, sino de la política, de los políticos y, por supuesto, de todos.
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Tal vez Raúl Dorra sea el intelectual de las humanidades más importante que tenga Puebla en este momento. Sus libros están en los catálogos de las mejores editoriales de México. Ahora mismo está circulando Lecturas del calígrafo, bajo el sello de la muy prestigiada Siglo XXI, la editorial que fundara don Arnaldo Orfila, al cabo de que el sátrapa de Gustavo Díaz Ordaz lo echara de la dirección del Fondo de Cultura Económica en represión por habar publicado Los hijos de Sánchez, la célebre historia de vida sobre la pobreza en la ciudad de México. Ordaz que fue la hechura más acabada del brutal cacicazgo forjado en Puebla por los Ávila Camacho, era un hombre peligrosamente torpe, como al poco quedó demostrado en aquel baño de sangre mexicano. Díaz Ordaz supuso que la publicación de aquel libro denigraba a México. En él se cuenta de primera mano la historia de una familia de origen campesino que se establece en el mercado de la Merced, en el Distrito Federal. Al parecer, el presidente no soportó que se hablara de las marcas de sangre dejadas en la pared por “los chinchazos” de los dedos, en la noche a la hora que los miembros de la familia mataban las chinches. Pues bien, Dorra ha publicado un nuevo libro, lo cual es digno de celebración. La presentación en Puebla está programada para el próximo miércoles 8 de junio. Entre los comentaristas aparecen Adolfo Castañón, poeta, editor y ensayista, Juan Sebastián Gatti y Gabriel. ¿Dónde? ¡Dónde más! En Profética, el único espacio plenamente reconocido por la comunidad cultural. Los otros, aunque se presenten como tales, y se gaste mucho presupuesto en ellos, son vistos como espacios ajenos y distantes, puestos más para la grilla política y el lucimiento de funcionarios… Y nada más.
Chayo News
Con la novedad de que la sección número 23 del SNTE es tan poderosa en lo político-electoral que lo mismo hace valer la compra de indulgencia en un partido que en otro.